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Asistencia, prevención y rehabilitación ante
emergencias naturales
Las características geográficas,
meteorológicas, climáticas, geológicas
y demográficas de nuestro país, hacen que numerosas
ciudades y vastas regiones puedan verse afectadas por desastres
de origen natural.
Las causas de los desastres, y por lo
tanto sus posibles soluciones, dependen de factores histórico
estructurales complejos. En el caso de América Latina,
el acelerado crecimiento demográfico, el empobrecimiento
de importantes sectores de la población, los procesos
de urbanización no acompañados por regulaciones
adecuadas en el uso de territorio, las carencias básicas
en materia de infraestructura son, entre otras, condiciones
que han incidido en el aumento acumulativo de la vulnerabilidad
de las poblaciones. Como resultado, las situaciones de riesgo,
lejos de tender a atenuarse, aumentan continuamente.
A pesar que el origen de este tipo de
emergencias obedece a fenómenos naturales, en muchas
situaciones se ven agravadas por la acción u omisión
del hombre.
Pobreza y
emergencia
La situación de pobreza a la que se ve relegada gran
parte de nuestro pueblo, la convierte en población
especialmente vulnerable. Cuando se produce una emergencia,
suelen ser los más afectados y los que tienen menos
posibilidades de mejorar su situación. Ejemplo claro
de esto, lo constituyen las poblaciones asentadas al costado
de los ríos, en terrenos que se inundan periódicamente,
o que tienen grandes posibilidades de ser afectados si suben
las aguas.
La
acción de Cáritas
En Cáritas Argentina se viene recorriendo un largo
camino acompañando al pueblo afectado por las emergencias
naturales, especialmente las hídricas de las décadas
del '80 y '90. En cada nueva emergencia, se recuperan las
experiencias anteriores y se parte de los aprendizajes que
dejan las mismas.
La atención de una situación
de desastre implica tres grandes momentos que facilitan la
organización de la acción para dar respuesta
a la misma: antes, durante y después de la ocurrencia
del hecho catastrófico.
Estos momentos son abordados a partir
de tres etapas
de trabajo diferenciadas: Prevención, Ayuda Inmediata
y Rehabilitación.
Existe una estrecha interdependencia
entre las actividades que efectuamos en las diferentes etapas
y a menudo no se puede delimitar con exactitud cada una de
ellas. Esta división se realiza a los fines prácticos
organizativos por lo que no siempre se ajusta a la realidad
de un desastre, pues cada uno es diferente y tiene características
particulares.
Presencia
solidaria y animación espiritual
En toda emergencia el mayor problema no son los daños
materiales causados por el fenómeno natural, sino que
lo más importante es el ser humano, el damnificado
de carne y hueso. Esa persona que ha perdido todo lo poco
que tenía y se quedó sin hogar, sin sus haberes,
sin sus animales, sin sus cultivos y sin su fuente única
de subsistencia; esa persona que ha perdido sus seres queridos
y que se encuentra en medio de la soledad aunque esté
rodeada de una multitud; que se debate ante el hambre y ante
el sufrimiento físico psíquico y moral. Y entre
ellos, hay personas que son más vulnerables que otras:
los ancianos, los enfermos, los niños, las mujeres
embarazadas, las viudas con niños, etc.
En situaciones de catástrofe,
Cáritas es sensible a estas necesidades y se busca
estar preparados para prestar servicios en el campo psicológico
y espiritual.
El punto de partida es siempre el damnificado como sujeto
primero de nuestra acción. Por eso, nos aproximamos
a él, lo escuchamos, lo animamos a que se desahogue.
Esto nos permite acercarnos a lo que está viviendo,
a su real situación, a cómo está reaccionando
individual y colectivamente frente a su desgracia.
La ayuda que
más ayuda es aquella que se organiza.
Durante la atención de una emergencia de gran magnitud,
como la hídrica de 1998 o la de Santa Fe en el 2003,
en Cáritas nos agrupamos entre diócesis Solidarias
y Afectadas.
Esta diferenciación la efectuamos
con el objeto de unir las necesidades de suministros de las
Cáritas diocesanas afectadas por la emergencia, con
los recursos que ofrecen las Cáritas diocesanas que
reciben las donaciones de la población.
Esta forma de organización también
nos permite realizar un trabajo de concientización
en las diócesis Solidarias, en cuanto a qué
cosas necesitan las Afectadas y cuáles no, ya sea porque
no responden a las necesidades o porque ya se disponen de
las mismas.
En este esquema de funcionamiento, la función principal
de Cáritas nacional es la unir las necesidades de las
Cáritas perjudicadas por la emergencia con los recursos
que ofrecen aquéllas que se movilizan para conseguir
y canalizar las donaciones de la población.
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