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TESTIMONIOS DE QUIENES PROTAGONIZAN LOS MATERIALES DE COLECTA

Las diversas herramientas de comunicación que cada año se elaboran con motivo de la Colecta, tienen como protagonistas principales a integrantes de las comunidades en las que Cáritas lleva adelante su misión. De esta manera, se procura reflejar la vida misma de quienes, con esfuerzo compartido y una esperanza que no decae, afirman que es posible modificar la realidad en clave de solidaridad. El desafío de comunicar en imágenes el lema se realizó este año en el litoral de nuestro país, junto a Cáritas arquidiocesana Paraná y las comunidades de La Floresta, Estación Sosa y Puerto Curtiembre.

Tres comunidades, una misma esperanza

 

La Floresta: la familia de Mónica y Luis
A pocas cuadras del centro de Paraná, se encuentra el barrio La Floresta, llamado por sus habitantes “barrio Humito”, por los volcaderos de basura que hay en la zona y el consecuente humo tóxico que sale de ellos. Allí vive Mónica, junto a su esposo Luis y a sus cuatro hijas. Hace algún tiempo, Mónica tuvo que afrontar serios problemas de salud, que entre otras consecuencias, la llevaron a perder temporalmente la movilidad de sus manos.

Lejos de desanimarse, siguió adelante convencida de que es posible superar las realidades más adversas. “Los médicos me recomendaron que realizara alguna actividad para empezar a mover mis manos, ya que se me acalambraban cada vez con mayor frecuencia”, recuerda. “Pero la falta de trabajo, las dificultades para obtener el sustento diario, me provocaron una depresión que duró varios meses, hasta que comencé a participar de las capacitaciones en panadería que brindaba Cáritas en el barrio. Aprendí un oficio que, además de ayudarme con el problema de las manos, me permitía trabajar en casa. Vendía el pan que cocinaba y así podía llevar los ingredientes a las clases y quedaban para mi hogar algunas monedas. Con el tiempo, me di cuenta que necesitábamos un horno mejor para hacer más cosas: pan, facturas, etc. pero no teníamos los medios económicos para obtenerlo, entonces Cáritas me ayudó a comprarlo y mes a mes le devolvía el dinero con mi trabajo, hasta saldar completamente la deuda”, afirma con orgullo. “Hoy toda mi familia vive de este trabajo y nos hemos superado: tenemos una mejor calidad de vida”.

Estación Sosa: la familia Chincuini
La familia Chincuini está integrada por Darío, su esposa Norma y sus hijos. En el patio de su casa, y con unos ricos mates comenzaron a compartir su testimonio de vida: “Trabajábamos los dos bajo un mismo patrón. Darío en el campo, y yo por la mañana limpiaba la casa. Allí nos conocimos y hace veinte años que estamos casados. Somos muy compañeros”, afirma Norma, mientras Darío agrega con orgullo: “la pobreza te enseña que hay que hacer de todo un poco… tenemos huerta desde que nos casamos y hace 14 que vinimos a nuestra casita… porque teníamos este terreno. La huerta fue creciendo y nos sobraba para nosotros. Pero también nos faltaba el trabajo… y un día se nos ocurrió empezar a vender algo y nos fue bien”.
“Nunca es tarde para aprender”, enfatiza Norma, “a mí me encanta, porque soy curiosa… me gusta aprender nuevas cosas”. El esfuerzo familiar sigue dando sus frutos y hoy, además de la huerta orgánica elaboran productos de panadería, tienen codornices, conejos y gallinas, que también comercializan en el barrio.
En Estación Sosa, Cáritas acompaña la realidad de toda la comunidad, generando un espacio donde se comparten las dificultades y los logros.

Puerto Curtiembre
A orillas del río Paraná se esconde Puerto Curtiembre. Está ubicado a 70 km al norte de la capital entrerriana, de los cuales los primeros cincuenta están pavimentados y el último tramo es camino de ripio. Por la cantidad de habitantes –alrededor de quinientas personas- no se lo considera municipio. Dependen directamente del gobierno provincial a través de una Junta de Gobierno. Cuentan con una escuela primaria, una sala de primeros auxilios y la capilla.

Cáritas ocupa un lugar muy especial en el corazón de la comunidad. Es la única institución que en la zona “brinda asistencia y capacitación en herrería, albañilería, soldadura, cerámica, despinado de sábalo, producción de vegetales y elaboración de dulces… y todo se dicta acá en el salón de Cáritas”, afirma con orgullo Zulma Rodríguez, quien es directora de Cáritas parroquial, aunque se apresura en aclarar que “yo siempre digo que acá no hay directora, acá todos somos Cáritas. Cada una trae sus ideas, sus inquietudes, compartimos alegrías y también dificultades. La idea es trabajar en la contención de la familia. En nuestro saloncito tenemos reuniones periódicas donde las mujeres que participan traen sus problemáticas y también las del pueblo, para encontrar juntos las soluciones a problemas que son de todos”.

La familia de Santiago y de Ángela
A partir de las grandes inundaciones que sufrió la zona, muchas familias isleñas lo perdieron todo y debieron abandonar el lugar donde vivían para volver a empezar. Este es el caso de Santiago y su esposa Ángela: “antes de venir acá estábamos en la isla, enfrente de Villa Urquiza. Allá pescábamos para comer nomás, para consumo…”, explica Santiago y Ángela agrega: “cuando vinimos de la isla trajimos lo poco que pudimos, lo que nos quedó; dos terneros que los crié de guachos y después los cambié por una vaca. Teniendo esa vaca compré cuatro terneritos del tambo y ella los crió a los cuatro…, los primeros meses dormíamos en carpa, hasta que empezamos a hacer la casa”, recuerdan. Con la colaboración de Cáritas, Santiago, al igual que otros pescadores de la zona, logró contar con el bote en el que ahora sale cada mañana bien temprano a pescar. “Nos ayudaron mucho, pudimos empezar otra vez. Primero compramos los anzuelos, después las mallas para sacar carnada”, detalla Ángela, quien también colabora en Cáritas y da clases de catequesis a los niños del pueblo. Hoy, el fruto de su trabajo no sólo lo utilizan para consumo sino también para vender y permitirse soñar con un presente y un futuro mejor: “Vivimos de la pesca y esto para mí es un orgullo. El pescado lo vendemos acá en el pueblo, a los turistas. Viene gente de todos lados, el fin de semana siempre hay un poco más de venta”, finaliza Santiago.

La familia de Isidora y Oscar
En Puerto Curtiembre también viven Isidora y su esposo Oscar. Tienen tres hijos y varios nietos que los colman de alegría y de orgullo. Desde la huerta que cultivan detrás de su casa, comparten su testimonio: “antes de acercarme a Cáritas, yo no salía nunca”, explica Isidora. “Para mí la vida era criar a los chicos, darles estudio y trabajar mucho para vivir mejor con mi familia, pero desde que empecé a capacitarme en Cáritas, estoy mejor anímica y también económicamente; me siento con más fuerza para trabajar, todos los días tengo una experiencia más de vida. Le doy gracias a Dios porque me da estas ganas de salir adelante”. Oscar nació y se crió en Curtiembre, trabajó casi treinta años en telecomunicaciones y ahora está jubilado. Junto a Isidora trabajan la tierra que, generosamente, les renueva la esperanza regalándoles los frutos de su esfuerzo.

Pepa y su familia
Mi pueblo es pobre, humilde pero tranquilo. No tenemos un supermercado, no tenemos un médico estable, pero con lo que trabajamos tenemos para vivir y nos sentimos felices”, asegura Josefa, conocida por todos como Pepa, quien hace un tiempo tomó la decisión de cumplir un deseo que tenía pendiente: aprender a leer y a escribir. Por eso, se acercó a Cáritas Puerto Curtiembre y comenzó a participar del taller de alfabetización. “Siento un orgullo tan grande… porque yo me gané un premio al saber escribir mi nombre, saber sacar una cuenta. Antes tenía que pedirle a otro que lo hiciera por mí. Con los 55 años que tengo, espero que esto siga, porque quiero aprender más y progresar. Sé dividir por una cifra, sé multiplicar, estoy muy orgullosa y todo gracias a Cáritas”, enfatiza.

 




 




 

 

   
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