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Colecta Anual de Cáritas

Un mensaje que renueva
la esperanza y el compromiso.

Cada año, Cáritas Argentina se propone, a través de su Colecta Anual, llegar a la sociedad con un mensaje que invita a renovar los vínculos sociales y el modo de compartir los bienes.

Desde la vida presente en cada Cáritas parroquial y diocesana, el camino de animación de la Colecta es anuncio de la Buena Nueva para proclamar con esperanza el anhelo de construir una Patria sin excluidos, convencidos que con compromiso y solidaridad es posible transformar la dura realidad de pobreza y postergación que todavía padecen tantos hermanos y hermanas.

A través de la Colecta Anual, Cáritas procura comunicar un mensaje de esperanza y de compromiso que quiere generar conciencia acerca de la creciente inequidad que se advierte en nuestra sociedad, recuperando valores seriamente devaluados que, muchas veces, dificultan la construcción colectiva y el diálogo.

Comunicar desde el testimonio de nuestros hermanos más pobres

Las diversas herramientas de comunicación que cada año se elaboran con motivo de la Colecta, tienen como protagonistas principales a integrantes de las comunidades en las que Cáritas está presente, acompañando sus logros y sus dificultades, sus inquietudes y esperanzas en el esfuerzo compartido de alcanzar una vida digna y plena.

Este año, el desafío de darle vida en imágenes al lema de la Colecta Anual se realizó en la Región Noreste (NEA), junto a Cáritas Formosa y las comunidades de Las Lomitas, Namqom, Ibarreta y San Jorge.

Como en tantos rincones de nuestro país,
estas comunidades son testimonio esperanzado
y reflejo de un trabajo incesante y silencioso.

Las Cáritas parroquiales formoseñas abrieron sus puertas y su corazón a esta propuesta con enorme alegría, mostrando con orgullo la fuerza de su presencia en medio de comunidades tan postergadas, donde diariamente la solidaridad, la organización y la participación son las claves para desarrollar procesos de alfabetización, de trabajo comunitario, de microemprendimientos, de formación laboral, entre otros.


Ibarreta
Entre otros lugares estuvimos con integrantes de la parroquia San Antonio de Padua donde, junto al padre Mario Domingo Franco conocimos a Magdalena Gómez y Agustina Moreno. Magda es enfermera retirada. Luego de trabajar muchos años en Buenos Aires, regresó a su pueblo y comenzó a participar en emprendimientos a través de Cáritas donde, entre otras cosas, desarrolla su capacidad para pintar en tela.

 


Agustina, con muchísimo esfuerzo, procura el estudio de sus hijos. Posee un don especial para tejer, por eso Magda comenzó a ayudarla para que convirtiera ese don en un emprendimiento.


Le brinda en su casa el espacio físico para que Agustina pueda trabajar, la acompaña a comprar los materiales que necesita y la anima sin cesar a que siga adelante.

Barrio Namqom
Aquí vive una comunidad toba. Uno de los tantos pueblos originarios que habitan en nuestro país y que, en la mayoría de los casos, son discriminados y relegados a sobrevivir en condiciones de exclusión. En Namqom funciona un Centro Educativo, donde las familias encuentran un lugar para reunirse, compartir y vincularse desde un espacio común.

Este Centro les ofrece la posibilidad de integrarse al resto de las comunidades, sin por eso perder su cultura y sus tradiciones. Allí descubrimos, entre otros, el rostro cansado pero lleno de ternura de la “mema” Luisa de Davichi, maestra toba que acompaña el desarrollo de los niños en su barrio, enseñándoles que es posible convivir en una sociedad tan diversa, sin perder las tradiciones que dieron vida a esta etnia.

Barrio San Jorge

Cáritas parroquial
Nuestra Señora de la Merced en Las Lomitas

En la provincia de Formosa se encuentra Las Lomitas, a 300 km. al oeste de la ciudad capital. Un pueblo fundado hace 96 años por familias provenientes de Santiago del Estero, de Salta y también de Paraguay. Frente a la plaza principal se alza la parroquia Nuestra Señora de la Merced que, entre sus diversos grupos y pastorales, cuenta con un gran equipo de Cáritas, cuya sede se encuentra a siete cuadras de la parroquia, en una casa que se fue construyendo con esfuerzo y que hoy es un valorado lugar de encuentro donde la comunidad desarrolla numerosas actividades.

Los sacerdotes Francisco Nazar, Mario Vizaro, el director de Cáritas parroquial José Rodríguez y los integrantes de la comunidad dan vida y esperanza a los proyectos que impulsan.

José recuerda cómo comenzó esta historia: “En 2001, con la enorme crisis que sufrió nuestro país, iniciamos un comedor parroquial comunitario al que concurrían diariamente alrededor de mil niños. Luego de dos años nos dimos cuenta que íbamos camino a convertirnos en una Cáritas asistencialista y que era necesario buscar otras formas de ayudar y compartir la vida con las familias del pueblo. Así nació la idea de los microcréditos y se creó lo que la gente misma denominó el “Banquito comunitario de los pobres”, un proyecto que brinda microcréditos y donde lo más valioso no es el dinero sino el compromiso ante la palabra dada.

El Banquito fue creciendo con los años y hoy cuenta con trescientos cincuenta socios quienes, en muchos casos, participan también de otros espacios generados por Cáritas: a través del Plan de Inclusión Educativa Emaús, por ejemplo, las familias reciben becas que posibilitan la continuidad escolar y universitaria de sus hijos, desarrollan actividades con los jóvenes mochileros y pueden acceder a talleres de alfabetización de adultos. Existe además un merendero para los niños, se realizan ferias de ropa y de calzado y en los consultorios médicos comunitarios cuentan con la atención y la contención de un pediatra, un clínico, un ginecólogo y una odontóloga, profesionales que ofrecen su conocimiento y su vocación de amor al prójimo.

Los pueblos originarios tienen una fuerte presencia en Formosa

Las comunidades Wichi, Pilagá y Toba son tres de las etnias que pueblan la provincia desde hace siglos pero, en muchas ocasiones, padecen la discriminación y están relegadas a sobrevivir en condiciones de exclusión. Sin embargo, con esperanza trabajan incansablemente, educan a sus hijos en valores y les transmiten la riqueza y sabiduría de su cultura.

Antonio Arce es integrante de la comunidad Pilagá y vive en Las Lomitas junto a su familia Como artesano, trabaja la madera y el mimbre desde el saber ancestral que recibió de su abuela, elaborando muebles y adornos que vende en el pueblo. Actualmente está insertándose en el Banquito de los Pobres para favorecer la comercialización de sus productos y comparte con alegría su experiencia en Cáritas: “estoy contento de participar en el Banquito. Las necesidades de mi pueblo son grandes, por eso agradezco a Dios esta posibilidad. Yo no sé leer, pero escucho y aprendo de las enseñanzas de la gente, de lo que hacen mis hermanos y lo transmito a mis hijos. Agradezco todo lo que estoy aprendiendo”. Sus hijas heredaron también el don de la artesanía y elaboran hermosos productos de cestería.

Gladis Carabajal y su familia son integrantes de la comunidad Wichi. En su mirada serena y paciente se deja ver la entereza de quien confía en un futuro digno para sus hijos y sus nietos.

Con 21 años recién cumplidos y un oficio aprendido desde la adolescencia, Álvaro Gareca trabaja junto a su padre, Juan Vicente, en la talabartería familiar. Fabrican monturas, botas, rebenques, bozales y algunos otros elementos que se utilizan en el campo. “Mi papá me fue enseñando –explica Álvaro-, mientras él trabajaba me mostraba y yo prestaba mucha atención, porque las cosas que hacemos son delicadas y llevan tiempo… hay que aprender cada procedimiento. En mi tiempo libre, cuando salía del colegio, compartía horas con él en el taller y ahora sé hacer prácticamente todo lo que él hace”.

Integrados desde hace casi siete años al Banquito de los Pobres, agradecen las puertas laborales que se les abrieron desde este espacio y alientan a muchos otros a que se acerquen a Cáritas. “A los jóvenes que viven en otras partes del país yo les diría que traten de poner sus ganas en aprender. En cualquier oficio o profesión, lo que vos aprendés te dura toda la vida, es algo que nadie te puede sacar. Si queremos construir una Patria sin excluidos hay que poner esfuerzo desde el propio lugar, desde el trabajo de cada uno. Creo que con dedicación, esfuerzo y un poco de voluntad se puede salir adelante… Entre todos vamos sumando: en el núcleo familiar en un principio y después en la comunidad, en la sociedad en general. Hace falta el esmero de todos”, concluye Álvaro.

Mientras tanto, Norma Anaquin, su esposo Daniel Gómez y sus hijos trabajan de manera incansable en la elaboración de ladrillos. “Nuestro trabajo es duro, describe. A veces nos pasamos dos y hasta tres días haciendo turnos para terminar una tanda de ladrillos. Cuando nos acercamos a Cáritas creímos que sólo íbamos a recibir la ayuda material del crédito, pero encontramos mucho más, porque Cáritas busca que la gente realmente salga de la pobreza. Nos contienen, nos ayudan, nos brindan un espacio donde podemos compartir y socializar con otras personas del pueblo que tienen necesidades como las nuestras. Nos capacitan, nos enseñan a organizarnos. Acá aprendí a ver la vida de otra forma”, agrega con emoción.

“Formosa es pobre en muchos aspectos, pero es también muy rica en vitalidad como Iglesia”, afirma Monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo diocesano. “A través de Cáritas, con el equipo diocesano y las Cáritas parroquiales y de muchos agentes de pastoral de la caridad y del servicio, que van teniendo formación a nivel de lo que es la dignidad de la persona humana, la promoción humana. Es decir, no el mero asistencialismo o la limosna como tal. Es un proceso que se viene realizando desde hace años.
Para quienes tenemos fe en Jesús, Él es nuestra esperanza. Entonces no podemos ser pesimistas, al contrario, tenemos que procurar con el amor, con la solidaridad, con la entrega desinteresada, ir construyendo este Reino de Dios en la medida que se puede construir aquí en la tierra, siempre con mucha ilusión y esperanza”.

 


 




 

 

   
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