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La historia de Cáritas es una historia de compromiso profundo y objetivos claros, pero también es una historia de adaptación constante a los tiempos que vivimos. En el camino que se va trazando, las distintas iniciativas y proyectos realizados nos aportan numerosos aprendizajes.

Comprometidos cada día más con la transformación de la realidad, enfrentamos el desafío de mirar nuestra acción, aprender de ella y fortalecer todo aquello que nos permita seguir avanzando hacia la construcción de la civilización del amor que Jesús nos propone.

Reflexiones de Mons. Oscar Ojea
Presidente de Cáritas Argentina - Obispo de San Isidro

Apuntamos Alto: Pobreza Cero


La Colecta es una oportunidad para entusiasmar a muchos que, desde su lugar, pueden aportar lo propio.

“Todos estamos invitados al banquete de la vida”, decía Pablo VI. Con esta imagen somos todos iguales, todos tenemos hambre, comemos del mismo pan, nos servimos de lo mismo, todos somos hijos de Dios, necesitamos de la naturaleza y cuando comemos expresamos que somos iguales.

En la Colecta pasa lo mismo, porque todo es importante. El aporte de cada uno lo es, lo que entregamos y cómo lo damos. Aquí Pobreza Cero o Apuntamos Alto se correlaciona con la pobreza evangélica.

En el Evangelio, “pobre” es el que lo da todo, el que todo lo entrega, no sólo y no tanto el que no tiene. Entonces, es muy importante tener en cuenta en la espiritualidad de la Colecta lo que da cada uno, lo que aporta desde su lugar y respetar cada aporte es respetar su dignidad.

Apuntamos Alto. Desde el punto de vista evangélico, es: “sean perfectos como el Padre Celestial es perfecto” (cfr. Mt. 5, 48). En este texto quiere decir “sean perfectos como es perfecto el Padre”. Jesús nos pone al Padre como modelo de acabado, completo, pleno. Nos dice sea cada uno pleno, cada uno sí mismo, lleguen a ser aquello que por su vocación están llamados a ser. Eso es Apuntar Alto.

“Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron, preso y me vinieron a ver. ¿Y cuándo, Señor, estuviste así?” Entonces Jesús dice: “cada vez que lo hicieron con uno de estos hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo.” (cfr. Mt. 25, 35-39)

Cada vez que lo hicieron o sea, en cada gesto, aunque parezca pequeño, cada uno tiene su valor. No dice “es como si lo hubieran hecho conmigo”. Cada vez que ustedes hicieron por los demás, lo hicieron conmigo”. Es como si dijera “yo lo sentí porque fue a mí a quien se lo hicieron”. Entonces, Apuntamos Alto, porque es Jesús.

Para Jesús lo mejor, lo más excelente. Para los pobres, lo mejor. Apuntamos Alto. Acá no se trata de lo que sobra, lo poco.  Es Jesús, entonces hay que ir arriba, hay que Apuntar Alto.

Con respecto a la Pobreza Cero, Jesús en el Evangelio dice: “a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre” (Jn. 12,8) Nosotros sabemos que siempre va a haber pobres. No me detengo a analizar las causas por las que siempre va a haber pobres. Seguramente, tiene que ver con el modo humano de administrar los bienes en el mundo y sobre la historia de cómo se ha desarrollado esto de lo injusto. El pecado, las consecuencias del pecado, el pecado social.

¿Pero por qué decimos Pobreza Cero y volvemos a expresarlo? Porque pertenece al Reino. Cuando Jesús nos invita al banquete, está invitando a todos, no queda ninguno excluido. “Salgan a los caminos, inviten a todos” (cfr. Mt. 22,9). Entonces, yo estoy uniéndome al corazón de Cristo cuando expreso este deseo. Vuelvo a mirar a la realidad y digo: “bueno, pero, es una utopía, una ilusión, un sueño.

Entonces, soñemos, de verdad, aprendamos a soñar. ¿Por qué no podemos tener un banquete donde todos puedan desarrollar lo mejor de sí mismos, todo lo que cada uno tiene para aportar? Si Dios nos creó es para que cada uno pueda descubrir su riqueza, sentirse valioso y aportar todo aquello que le pueda dar a la comunidad, toda su capacidad y así encontrar su vocación y su alegría. ¿Por qué no podemos soñar que podemos todos?

“Apuntamos Alto, Pobreza Cero” también está impregnado de este sueño que tenemos que permitírnoslo. Porque si no soñamos, no nos contactamos con nuestros deseos más profundos que hay que proyectarlos hacia delante, sino vivimos siempre en el “chiquitaje”, en lo pequeño, en el tramo corto. Hagamos la experiencia de seguir adelante con este sueño de la Pobreza Cero y de este modo, Apuntamos Alto, vamos a ir año tras año sumando voluntades a la Colecta, porque creemos que entre todos podemos construir una sociedad inclusiva, justa y equitativa y así hacer realidad este sueño de la Pobreza Cero.




“Que esta Navidad nos ayude a transformar un presente
de necesidades en un futuro con Pobreza Cero”

 

Queridos hermanos;

Siempre es un gusto para mí, el hecho de encontrarme con ustedes, aunque sea a través de unas líneas. En esta oportunidad quiero acercarles un saludo de Navidad, con una breve reflexión sobre el lema que encabeza esta carta.

Ciertamente vivimos un presente de necesidades, que se hacen sentir especialmente entre nuestros hermanos y hermanas más pobres. Seguramente les habrá pasado alguna vez, trabajando en Caritas, que las necesidades eran tantas, que parecía no haber posibilidad alguna de satisfacerlas. No me refiero sólo a lo material, que ya es muy apremiante, sino también a la necesidad de afecto, de contención, de educación, de amistad, de salud… tantos aspectos de la realidad que resultan difíciles de atender. No es raro tampoco que en esos momentos sintamos la presencia bondadosa de Dios que nos anima y que nos muestra la dinámica de “los cinco panes y los dos peces” (ver Jn 6, 1-15), cuando Jesús da de comer a la multitud con tan poco y aportado por un niño.

¿Qué hizo falta en aquella oportunidad para que la multitud se fuera satisfecha? En primer lugar, la presencia de Jesús; en segundo lugar, los pocos panes y peces que había, pero que tenían que estar para poder ser repartidos; luego (y junto con los panes y peces) el niño que con corazón generoso puso en común lo que tenía y que tal vez llevaba para su familia, o le habían dado sus padres para que comiera él. Y en último término (pero no por eso menos importante), los discípulos que, sin ponerse a especular sobre la posibilidad “razonable” de darle de comer a tanta gente con tan pocos alimentos, se pusieron en marcha, organizaron los grupos y comenzaron a repartir. No es difícil para ustedes, como voluntarios y voluntarias de Caritas identificarse con esos discípulos de Jesús, desbordados por la situación de necesidad, pero asombrados y felices por lo que Dios logra hacer con tan poco, cuando cuenta con corazones generosos.

Creo que es a esto a lo que apunta este lema: si abrimos nuestro corazón a las infinitas posibilidades de Dios, el presente de necesidades se transforma en futuro de esperanza. Por eso yo quiero agradecerles, queridos voluntarios y voluntarias, porque es gracias a ustedes que para muchos, la necesidad se transforma en esperanza.

Junto con el deseo de una Navidad muy feliz, quiero saludarlos (aunque sea tardíamente) por el día del voluntario y agradecerles de todo corazón el trabajo cotidiano en nuestras Caritas,

Un abrazo fraterno en el Señor que nace.


Aprender a compartir

 

“Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el
mundo. Y yo respondo: "Cuando tú y yo aprendamos a compartir".

Teresa de Calcuta

Queridos Amigos:

Les escribo estas líneas por dos motivos, el primero es agradecerles de todo corazón el trabajo realizado con motivo de la Colecta Anual. Fue muy importante todo lo que hicieron, no sólo por el dinero recolectado, (que es una ayuda enorme para nuestros hermanos y hermanas más necesitados), sino también porque ha sido un gesto misionero muy importante. El hecho de ver tantas personas de todas las edades, con frío pero con mucho entusiasmo, diseminados por las calles haciendo la Colecta, fue un signo de la presencia de Jesús entre nosotros, ¡Gracias a los voluntarios y voluntarias de las Caritas de cada Diócesis por el maravilloso trabajo realizado!

El segundo motivo de mis líneas es reflexionar con ustedes en el marco del día de la solidaridad, que hemos celebrado el 26 de agosto, aniversario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Ella es un símbolo de la solidaridad, no sólo para los creyentes sino para todos nuestros contemporáneos; por eso he querido empezar estas líneas con sus palabras, sencillas pero tan profundas.

¿Qué es la solidaridad? Jesús habla de ella en diversas oportunidades. Varios lugares del Evangelio nos ilustran al respecto: la multiplicación de los panes, en la que cada uno, poniendo lo poco que posee, posibilita que Jesús multiplicando la generosidad y los alimentos, dé de comer a una multitud (Cfr. Jn. 6,1-15). Otro texto es el de la  parábola del buen samaritano  (Cfr. Lc 10, 29-37).

El Papa Juan Pablo II (1), decía que la solidaridad no es simplemente un sentimiento pasajero, o un impacto sensible, sino la "determinación firme y perseverante de empeñarse en el bien común". Esta solidaridad nos lleva a considerar al otro como partícipe del banquete de la vida al que todos los hombres somos igualmente invitados por Dios.

Esto lo vio claro Teresa de Calcuta y fíjense que su propuesta para acabar con el hambre en el mundo no apunta a los Estados ni a las grandes organizaciones, sino que nos invita a cada uno, a aprender a compartir. Quizás este aprendizaje sea el más importante de nuestra vida, ojalá que nuestro trabajo en Caritas nos esté enseñando a compartir. Es mi deseo para cada uno de nosotros.

Con gratitud, va mi fraterna bendición.

(1) Cfr. La carta encíclica sobre  cuestiones sociales Sollicitudo Rei Socialis 38

 

 

Unir voluntades para los más necesitados | Junio de 2012

Queremos hacer una invitación abierta y sentida a la participación de todos los actores sociales, alentados por la reconocida sensibilidad de los argentinos hacia todos aquellos hermanos que sufren la pobreza en sus diversos rostros y en distintos escenarios.

La Colecta de Cáritas quiere unir voluntades y espíritus solidarios a través de un llamado a las manos abiertas y generosas que suelen aportar dinero y especies. Y también a todos aquellos que ofrecen su tiempo, su colaboración y su capacidad profesional para que las Cáritas del país puedan organizar diversas actividades recreativas, deportivas o artísticas, con el fin de hacer más eficaz la ayuda a nuestros hermanos que sufren, formando una cadena de auténtico amor fraterno que quiere abrirse camino hacia la equidad y la justicia social.

Seguramente durante el segundo fin de semana de junio –que es el tiempo de la Colecta- nuestras calles estarán repletas de voluntarios que, con sus alcancías y sobres, pedirán a la comunidad su aporte concreto. Año tras año la respuesta es muy positiva y nos consuela la grandeza de corazón de nuestro pueblo cuando se trata de poner el hombro para sostener a los que menos tienen.

El lema de la Colecta  “Pobreza Cero. Vida digna para todos” nos resulta muy motivador. La Pobreza Cero  expresa el anhelo de equidad y de igualdad de oportunidades. La Vida Digna significa el valor de cada persona humana amada singularmente por Dios al ser llamada a la existencia.

Dignidad que necesita ser sostenida por el reconocimiento de sus hermanos para no ser manipulada ni humillada, sino libre de toda cautividad que le impida su propia plenitud y desarrollo personal y el aporte de sus talentos y capacidades a toda la sociedad.

Saludo de todo corazón y me uno al afecto y en mi bendición a todos los que entregarán su tiempo para esta tarea que nos hará crecer como personas y como hermanos.




El deseo de la Pobreza Cero y una mirada sobre la dignidad
| Marzo de 2012

Pobreza cero. Vida digna para todos. Algunos dicen que hablar de pobreza cero es una utopía irrealizable y que tendría mas sentido hablar de un porcentaje mínimo de pobreza  de acuerdo con las posibilidades reales de crecimiento económico y social. Quienes sostienen esta afirmación, no están percibiendo el significado de lo que queremos decir al hablar de pobreza cero. Sabemos que el mismo Jesús nos dijo que los tendremos siempre con nosotros para poder aprender de ellos, que son sacramento de Cristo.

Sin embargo, la frase pobreza cero, lo que expresa el deseo que surge de las mismas entrañas de la humanidad de poder desterrar los obstáculos para cada persona pueda participar con igualdad de oportunidades en la misma mesa. Y digo que es el sueño porque el sueño esconde siempre un deseo profundo. Las primeras palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan a los discípulos que los siguen, ellos vienen  de Juan Bautista quien les dice: este es el cordero de Dios y ellos se van detrás de Jesús.
Jesús habla por primera vez y les dice ¿que buscan? ¿Qué quieren? Como verán, nuestro Dios no es atropellador, no es prepotente, no nos ciega con su luz, no nos quita la libertad”.

Con la pregunta: ¿qué quieren ustedes? Nos invita a conectarnos con nuestro deseo mas profundo, generalmente estamos conectados con nuestros deseos mas inmediatos (café, descansar, tomar sol, etc.) Pero hay un deseo que va siendo cada vez es mas profundo que es el deseo de ser yo mismo y de poder encontrarme cada vez mas conmigo mismo y con todo lo que soy capaz de dar y que no conozco, creo que conozco pero no conozco, no ha podido emerger todavía. Entonces, decir pobreza cero como meta de la Iglesia y de este bicentenario que nos propone los obispos en su carta del bicentenario que lo proponen los obispos en la carta del bicentenario: “sin pobres ni excluidos, caminando hacia el bicentenario”, el expresar pobreza cero significa la intención de quitar todos los obstáculos para que el hombre pueda desarrollarse como persona y por lo tanto aportar a la comunidad aquello que puede aportar. Por supuesto que detrás de pobreza cero están las causas de la pobreza, las estructuras de pecado, la injusticia, la inequidad.

Esas enormes distancias que nos dividen y separan, pero también  detrás de pobreza cero están, cómo quito los obstáculos para el acceso más simple a los bienes inmediatos y necesarios que exige la dignidad de la persona: el techo, la alimentación, educación, la salud. Y al mismo tiempo mas todavía yo necesito, esta en mi deseo profundo, para ser hombre formar parte de una comunidad que pueda dar lo mejor que tiene. Este deseo que esta como arrinconado en nosotros, como reprimido. Nosotros como seres humanos tenemos una vocación vincular, estamos hechos para eso. Dios es vínculo, la trinidad es una familia, Dios sale continuamente de sí mismo, continuamente vinculándose, dando lo mejor de sí y recibiendo del otro, por eso nuestro Dios es trinidad, es familia. Nosotros, también, en lo profundo recién descubrimos la comunidad cuando nos damos cuenta que necesitamos del otro, para poder desarrollarnos como personas, estamos hechos para vivir en comunidad.

El documento de Aparecida, que habla tanto de la vida plena, “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, nos dice Jesús.  Nos dice que la vida tenemos que disfrutarla y que es el regalo de Dios, el regalo mas grande. Pero hay dos cauces por donde se puede realizar. El primer cauce es la comunión. Benedicto nos va a decir en el discurso de Aparecida, la Fe se debilita en el aislamiento y crece cuando se la comparte. ¿Que te da la Fe?, nos dice el Papa,  una familia. La Fe es el don más grande para la vida, nos dice Aparecida.

La fe me libera del aislamiento del yo, dice el Papa,  de alguna manera esa vida plena para ser plena el cauce tiene que ser poder vivirla en comunidad, que cada uno pueda dar lo mejor de si, y esto no puede realizar  en la pobreza. La pobreza nos llena de obstáculos y este desarrollo y este camino, por lo tanto impide disfrutar de esta dimensión fundamental de la persona que es la comunión.

El segundo cauce, es el darse, “cruzar la otra orilla” diría Aparecida, la capacidad de dejar la propia comodidad para ir a la otra orilla. Entonces uno disfruta de la vida cuando se la entrega, cuando se la da. Allí el hombre es feliz, realiza su felicidad cuando puede dar. Como dice Machado: “Moneda que está en la mano, quizá se deba guardar, la monedita que esta en el alma se pierde si no se da” no sirve para nada guardarla, amarrocarla, sino para gastarla y allí se encuentra el secreto de la felicidad de la vida.

Pobreza cero expresa ese deseo y moviliza el corazón del hombre en lo mas profundo y no en lo superficial,  lo mas profundo es que cada miembro de mi comunidad pueda dar lo mejor de si mismo, porque yo necesito de ellos, yo necesito que me enriquezcan, yo no puedo solo, no soy omnipotente. Así no se puede vivir, se vive del vínculo, del amor, se vive de la gratuidad, de la pareja, de los hijos, de los seres queridos. Para poder tener familia, hijos, para poder acceder al trabajo es necesario quitar los obstáculos para que el hombre pueda sacar lo mejor de si.

Entonces lo que moviliza la primera parte del lema diría yo que está estrechísimamente conectado a la segunda parte del lema.  Esto es importante porque, quedarse solamente con la pobreza cero, en alguna mente puede cruzarse “este está en desacuerdo con todo lo que se hizo, esta con bronca” con el municipio, gobierno de la provincia etc… nosotros decimos pobreza cero, dignidad para todos, esta unido a la remoción de las causas profundas de la pobreza.

¿Que significa la palabra dignidad? Dignidad es una traducción que hace el latín: dignitas con otra palabra griega que es axios q quiere decir valor, lo que el hombre vale. Un hombre vale más que el mundo entero. Para nuestra fe un hombre vale más que todo el universo, el sol, algunos millones de dólares también. En una clase de catequesis me costó que los chicos me dijeran que el hombre vale más que un millón de dólares.

El valor y la dignidad…y porque el valor de cada persona ese valor enormemente mayor que las cosas el valor del hombre? Porque Dios nos quiere y nos ha dado la vida Dios no quiere lo que no vale, Dios nos hace valer. Dios nos hizo a su imagen, y nos ha confesado su amor, en la sagrada escritura, hay un capítulo hermoso, el de Isaías, el cap. 43  donde el Señor expresa una confesión de amor a su pueblo: “no temas Israel tu me perteneces….”

Esta confesión de amor de Dios al hombre lo hace digno. Somos dignos si podemos mirarnos a nosotros mismos como nos mira Dios.
Somos dignos si los demás pueden mirarnos y valorarnos y reconocernos y darnos el lugar que cada hombre debe tener por su valor y no borrarlo, desconocerlo, anularlo, descartarlo, excluirlo. La mirada de la dignidad está estrechamente unida a la lucha contra la pobreza, a la búsqueda de la pobreza cero. Un ejemplo evangélico de cómo Jesús, en la perspectiva que nosotros conocemos tanto del milagro de la multiplicación de los panes, ustedes recuerdan el capítulo noveno de Marcos. 

Primero el programa es otro, Jesús se quiere ir con los apóstoles que vienen de su primera experiencia misionera y quieren estar solos con el para contarles y que el Señor los acompañara en esta primera experiencia. Entonces Jesús les dice:” vamos solos a un lugar tranquilo” porque era tanta la gente que iba y venía que no tenían tiempo ni para comer dice San Marcos. A Marcos le gusta siempre mostrar al Señor apretujado, demandado. Entonces se van, pero Jesús, que sigue siendo el maestro los hace enfrentar con la realidad a los apóstoles y se encuentran con que en la otra orilla los espera una multitud…y el Señor se compadece en la multitud, porque los ve como ovejas sin pastor, imagínense la bronca de los apóstoles que tenían un programa con Jesús y Jesús decide instalarse todo el día con la multitud. “Bueno muchachos ahora vean la realidad”. Jesús no teme cambiar de planes, a nosotros si nos cambian un plan nos morimos! Jesús tiene esa flexibilidad que tiene la caridad que hace posible que “no hagamos ahora no hacemos eso ahora esto que es mas importante, y estuvo un largo rato enseñando, curando enfermos”.

Ahora porque de este relato, de la multiplicación de los panes, hay seis y este relato es el mas conocido de todos los evangelios y porqué? Porque queda grabado en el corazón de los apóstoles el milagro de la comunidad. Lo habían visto a Jesús siempre haciendo milagros a un ciego, a un paralítico, a un sordomudo, pero esta cosa de respeto por lo que cada uno trae un poquitito…cinco panes y dos peces…que es esto?! Dicen los apóstoles, esto no es nada, esto no sirve y Jesús dice: tráiganlos acá y denles ustedes de comer. Ese respeto del Señor de recibir lo poquito que cada uno podía aportar como la viuda pobre que da todo lo que tenía para vivir y lo pone en la ofrenda. Ese respeto del Señor hacia ellos, respeto a su dignidad hace que ellos puedan vivir un momento inolvidable, porque ese momento que pasaron, se reunieron en grupos de cincuenta, los apóstoles lo servían y sobro tanto! El evangelio se esmera en decir todo lo que sobro. Vivieron un momento de cielo, que es una manera de expresarlo, vivieron lo que es el hombre, vivieron la comunidad, estaban con Jesús habían escuchado su palabra, estaban comiendo juntos y no cada uno por su lado, y cada uno dispersos, sino que la misma palabra y los gestos de Jesús, los fue uniendo, fíjense como el Señor  va  enseñando a sus discípulos a encontrarse con la realidad que es dura, compleja, llena de necesidades, de reclamos, de demandas. Y luego respeta a cada uno porque recibe lo poquito que traen, pero con el Señor todo es posible y pueden vivir ese milagro de la comunidad.

Nosotros la tenemos en cuenta (la dignidad) cuando es humillada cuando esa dignidad es pisoteada, cuando el hombre es pisoteado, ahí aparece con más fuerza y decimos “esto no puede ser!” Porque hay algo en mí que no lo tolera, no lo permite, como un llamado “esto no puede ser”. La dignidad pisoteada se expresa como un grito, por eso hablamos de clamor de justicia, porque tiene que ver con el pisoteo de aquello que es mucho mas profundo, que está mucho mas adentro que es lo que el hombre vale. El hombre no puede ser tratado así porque no vale eso. Vale la sangre de Dios, vale la carne de Dios un hombre.

En este tema de la dignidad voy a poner dos ejemplos mas del Señor que pueden enriquecer esto y que a mí siempre me golpearon y que siempre me llamaron la atención, todos son de San Marcos, antes de la pasión, este relato de la curación del ciego de Bartimeo , antes de la pasión, que se pone justo antes de la pasión para poder decir al Evangelista: “ahora vamos a mirar desde la Fe con los ojos nuevos del ciego curado” todo lo que va a pasar (Mc 10, 46 – 52).

Esta saliendo Jesús de Jericó y el ciego esta al borde del camino, al margen y el ciego pertenece al paisaje habitual de la ciudad, todo el mundo estaba acostumbrado a verlo. Estaba individualizado el papá, hijo de Timeo, era un hombre conocido, la gente estaba cansada de verlo, entonces el ciego comienza a gritar. Es importante esto porque, Juan Pablo va a decir: “la oración es un grito a Dios” en su encíclica tan rica que es “rico y misericordia” y de alguna manera nosotros hablábamos del grito del pobre y nosotros en Cáritas tenemos que afinar el oído para escuchar el grito del pobre que viene desde ese clamor de dignidad. Entonces Jesús se detiene, escucha el grito del ciego, mientras que todos lo quieren hacer callar, a todos les molesta, porque piensan que van a hablar de cosas más importantes y el ciego pedía siempre lo mismo, decía siempre lo mismo. Pero ahora dice: “hijo de David, ten compasión de mí ”. Y el Señor se detiene y dice:  “Llámenlo” y entonces le dicen: “El te llama”. Entonces el otro (el ciego) tira el manto, lo único que tiene un pobre para recostarse, especialmente en tiempos de Jesús, jamás nadie dejaba su manto así nomás, deja su lecho, su lugar. Quienes hemos trabajado con hombres de la calle, sabemos lo que significa el lugar aunque sea el pie de la escalera.

Entonces este ciego se levanta, deja todo y si uno lee el Evangelio dice “ahora lo va a curar” y que el Señor le diga: “Tu Fe te ha salvado”, andate tranquilo ya vas a poder ver y le diste gracias a la comunidad y ya saliste del borde del camino pero no es así. Jesús le dice qué quieres que haga por ti? Que necesitas? Cuál es tu necesidad mas profunda? Jesús no lo supone, no lo da por supuesto, lo trata como a una persona. No le dice: “veni, párate tomá!”. Le dice ¿Qué quieres que haga por ti?  Vos que queres en realidad, que queres de tu vida? Que buscas? Y el ciego le dice: “Señor, que vea” que quiere decir estos dos planos: que pueda ver, que pueda creer. Y Jesús le dice: “Vete tu Fe te ha salvado” y lo siguió por el camino, ahora si, integrado a la comunidad. Ese respeto de Jesús por la dignidad, por aquello que el hombre vale, que nunca se supone, nunca nos podemos suponer a nosotros.

Esto es darnos por conocidos “ya lo conozco, ya lo sé de memoria” ya lo agoté…es imposible porque, aún con la persona que vivo hace tantos años, el misterio de lo que es el otro, todavía no es del todo conocido, me puede seguir sorprendiendo, lo puedo seguir conociendo, porque? Porque tiene una dignidad, tiene un valor que yo no puedo poseer, yo no poseo al otro, no lo puedo tener, como tengo una cosa, una computadora, como las cosas que tengo y consumo, no, el otro es un misterio y jamás lo termino de conocer hasta el día final en que, como dice San Pablo: “Conoceremos como somos conocidos”.

Y el otro texto que a mi me sorprende muchísimo y que por ahí pueden trabajarlo también por el tema de la dignidad, es un texto que responde al estilo de Jesús, el estilo del maestro, en el cual el se corre del centro de la escena del evangelio para poder dar lugar a otra persona (Lectura de Mateo 15, 21 - 28). Fijémonos la pedagogía de Jesús, el se corre de la escena y hasta parece malo, los discípulos todavía le dicen “Señor atendela porque estamos cansados grita y grita y no nos deja tranquilos.” Y Jesús insiste, y dice: “no la voy a atender” porque pertenece al pueblo, yo vine para los judíos, no para estos que son extranjeros y el Señor vuelve a la mujer a decir una frase chocante: “no es bueno tomar el pan de los chicos para darles a los perros” y los demás se sorprenden, como puede ser que Jesús actúe de una manera tan brutal, pero lo que hace el maestro es correrse de la escena, el no es el centro acá, sino que la pone a la mujer en el centro para que los demás vean.

Entonces le dice algo que tantas veces necesitamos y que yo creo que es parte del amor, es como una expresión de admiración hacia el otro, es como un estímulo. Jesús se admira, le dice: “mujer, grande es tu Fe”. Jesús que es el hijo de Dios le dice a la mujer esto….y que ha quedado deslumbrado por su fe, es el estilo de Jesús, la delicadeza del estilo de Jesús, como se corre del medio, se pone en otro lugar, como hombre para decir “esta extranjera, esta que no sabe nada, esta que no conoce la biblia, tiene mas fe que todo el resto, no encontré tanta fe en Israel”.

Entonces estas actitudes de Jesús nos revelan la dignidad de todo hombre, en este caso haciendo hincapié en la diferencia. Pienso que el lema ayuda, nos va a dar mucho material como para poder unir una cosa a la otra y nos puede hacer reflexionar sobre la dignidad que es un tema riquísimo y que complementa magníficamente la primera frase que hemos trabajado también el año pasado.

 



Pobreza Cero. Vida digna para todos
| Marzo de 2012

Queridos Hermanos;

Este año el lema de la colecta anual de Caritas es “Pobreza Cero. Vida digna para todos”; sería bueno que nos detuviéramos en el sentido de estas palabras para que no sean una mera frase publicitaria.

Algunos dicen, que hablar de “pobreza cero” es una utopía irrealizable y que tendría más sentido hablar de un porcentaje mínimo de pobreza, de acuerdo con las posibilidades reales de crecimiento económico y social. Quienes representan esta afirmación no están percibiendo el significado de lo que queremos decir, al hablar de “pobreza cero”: ya que sabemos lo que el mismo Jesús nos recordó al decirnos que “a los pobres los tendremos siempre con nosotros” Cf. Mt 26,11.

La “pobreza cero” expresa el deseo que surge de la entrañas de la misma humanidad, de verse libre de todas las ataduras que le impiden a cada ser humano crecer como persona; hacer emerger lo mejor que lleva cada uno en su corazón y que permanece ahogado y sometido cuando se carece de los bienes indispensables a los que tiene derecho todo hombre y mujer: Salud, vivienda, alimentación, educación.

Así es, si entramos en contacto con nuestro deseo más profundo como personas y dejamos de lado lo que aflora superficialmente, (y que nos va volviendo sin darnos cuenta más indiferentes y egoístas), la“pobreza cero” expresa un sueño de convivencia auténticamente humana. Es el proyecto social que nos propone el evangelio de Jesús; en dicho proyecto cada persona puede crecer poniendo en común sus dones, dando y recibiendo de todos y conformando una comunidad de vida plena. Hoy ese crecimiento se encuentra paralizado por carencias cuya fuente son la injusticia y la inequidad, que se encuentran en los corazones y que han dado por resultado “estructuras de pecado” (como decía Juan Pablo II).

Dignidad es la capacidad exclusivamente humana de mirarnos cómo Dios nos ve, su mirada nos hace valiosos: ¡somos sus hijos!, para Él somos únicos y muy importantes, con una singularidad que no puede ser humillada (Cf. 1Jn 3,2). Esa mirada de Dios hacia cada persona, hace posible también que nosotros nos miremos y nos tratemos unos a otros como hermanos.

El clamor de dignidad surge muy fuerte después de la experiencia de humillación. El hombre que se siente atropellado en lo más noble de su persona, somete su libertad viviendo una capitulación de su más honda intimidad.

Nuestra dignidad se expresa en el trabajo, que desarrolla nuestra creatividad como personas y en la posibilidad de construir y pertenecer a una familia en la que nos hacemos conscientes de nuestra dignidad singular, recibiendo la riqueza de los demás en esta primera experiencia comunitaria que nos abrirá a otros vínculos. “Pobreza cero”, supone acceso universal al trabajo y con él al alimento para sí y para la propia familia. Pero no sólo eso, sino también la posibilidad de ser educados a partir de la infancia y de tener acceso a los servicios de salud.

En fin, a medida que vamos profundizando en el valor del ser humano, percibimos cada vez más la necesidad de atender a todas las necesidades humanas.



Estimados amigos y amigas | Febrero de 2012

¡Que la alegría y la paz de Jesús resucitado esté con cada uno de ustedes en este tiempo pascual!

Antes que nada, quisiera presentarme; soy Oscar Vicente Ojea, Obispo de San Isidro y recientemente nombrado presidente de Cáritas Argentina, tarea que asumo con conciencia de la enorme responsabilidad que supone, pero con la alegría de ponerme al servicio de los más pobres.

Quisiera comenzar mi tarea en Cáritas agradeciendo a cada uno de ustedes, voluntarios y voluntarias por el trabajo cotidiano, por la dedicación esmerada y sobre todo por el afecto que brindan a Jesús en la persona de cada hermano y hermana necesitados, en nombre del Señor y de su Iglesia: ¡gracias!

Pronto nos encontraremos en el XIII Encuentro Nacional y XVII Asamblea Federal que se realizarán en Santa Fe, los días 28, 29 y 30 de abril. Allí profundizaremos en las líneas pastorales adoptadas hace tres años y nos renovaremos en el intercambio, para continuar en este trabajo tan importante que Jesús nos confía. Trabajo voluntario, que hacemos por amor a Él y a los hermanos y por eso tan valioso; trabajo que nos dignifica y que dignifica a quienes se acercan a Cáritas con alguna necesidad. Justamente, el lema de la próxima Colecta Anual será “Pobreza Cero. Vida digna para todos”.

Pidámosle a San José Obrero, cuya fiesta celebraremos al día siguiente de terminar el Encuentro y la Asamblea (1 de mayo), que nos ayude a todos a comprender la dignidad del trabajo y de quien lo realiza.

Una fraterna bendición, esperando encontrarnos en Santa Fe.



 
 
 
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