Buenos Aires, Argentina
  Información
Espiritualidad
Cáritas Argentina
Iglesia Argentina
Iglesia Latinoamericana
Santa Sede
Documentos


Espiritualidad

La historia de Cáritas es una historia de compromiso profundo y objetivos claros, pero también es una historia de adaptación constante a los tiempos que vivimos. En el camino que se va trazando, las distintas iniciativas y proyectos realizados nos aportan numerosos aprendizajes.

Comprometidos cada día más con la transformación de la realidad, enfrentamos el desafío de mirar nuestra acción, aprender de ella y fortalecer todo aquello que nos permita seguir avanzando hacia la construcción de la civilización del amor que Jesús nos propone.

 

Reflexiones de Fernando María Bargalló
Presidente de Cáritas Argentina - Obispo de Merlo-Moreno

Cáritas, con San Cayetano, ¡por pan y trabajo para todos! | Agosto de 2008

A lo largo del año hay muchos días en los que nuestro pueblo peregrina para venerar a los santos, tanto para agradecer los favores recibidos como para pedir que intercedan ante el Padre por alguna necesidad concreta. Entre todas las fechas hay una muy especial y que la mayoría de nosotros conocemos: el 7 de agosto, fiesta de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo.

En los últimos tiempos, en muchos hogares, gracias a Dios, alguno de sus miembros ha encontrado trabajo. En otros, sin embargo, el empleo sigue siendo una asignatura pendiente pues, aunque no son pocos los esfuerzos realizados para paliar la desocupación, muchas familias aún no cuentan con ese ingreso estable, propio del asalariado, que les permita encarar con más alivio y serenidad la vida cotidiana, desarrollar las potencialidades personales y soñar con un futuro mejor.

En este sentido, desde hace varios años fueron surgiendo diversas alternativas que, aunque no solucionan el problema de fondo, suponen, sí, un principio de respuesta a esta necesidad. Me refiero al Comercio Justo y a la Economía Social y Solidaria. La implementación de ambas permite a las familias recuperar capacidades y habilidades para generar emprendimientos productivos que con el tiempo lleguen a ser sustentables, desde la vivencia de valores como la cooperación, la organización comunitaria y, fundamentalmente, la solidaridad.

Sabemos, por experiencia, que la solidaridad siempre es fuente de esperanza.
Como recordarán, la crisis profunda que nos afectó hace algunos años nos impactó a todos. Los sectores más perjudicados fueron, sin duda alguna, aquellos que ya padecían situaciones de pobreza y que se veían imposibilitados de generar alternativas de trabajo para superar la exclusión en que se encontraban. Por entonces, desde Cáritas comenzamos a acompañar a estas comunidades procurando brindar medios para la producción de alimentos, inicialmente para autoconsumo. Así fueron surgiendo huertas familiares y comunitarias, en las que cada familia recogía los frutos que la tierra sembrada por ella les proporcionaba. La solidaridad y el esfuerzo compartido fueron fortaleciéndose, a la par que crecía la conciencia de lo colectivo y la constatación de que se puede salir adelante con mayor facilidad si nos unimos entre todos.

Hoy, habiéndose superado lo más dramático de aquella grave situación social y económica, la inequidad que perdura sigue siendo enorme y son todavía muchas las personas y familias que continúan luchando por salir de la exclusión. Animados siempre por el compromiso social que implica el seguir a Jesús viviendo el mandamiento del amor, como Cáritas queremos seguir favoreciendo esa “otra economía”, inclusiva e integradora, promoviendo siempre el que las familias compartan historias de vida, proyectos, logros y dificultades que las enriquecen y las alientan a seguir gestando un futuro diferente.

Siguiendo la inspiración de las primeras comunidades cristianas, que vivían en armonía porque tenían “un solo corazón y una sola alma” y donde “nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos” (Hechos 4, 32), los invito a que pongamos bajo la intercesión de San Cayetano el deseo y el compromiso de construir juntos un país en el que haya Pan y Trabajo para todos y todas.

Vivienda propia... camino para el Hogar de familia y el barrio comunitario | Julio de 2008

Como cada mes, es una alegría reencontrarnos en este espacio que nos brinda el boletín. En esta ocasión quiero comenzar subrayando el valor precioso que tienen para nosotros los logros obtenidos a lo largo de la vida gracias al esfuerzo perseverante y a la esperanza sostenida no obstante las dificultades. Alcanzar metas muy deseadas, que por momentos nos han parecido muy difíciles e incluso imposibles, genera una felicidad tan grande que no la podemos transmitir con simples palabras. Esta situación es la que están viviendo tantas familias que, a través del Programa de Autoconstrucción de viviendas impulsado por Cáritas en varias diócesis del país hace algunos años, hicieron realidad el sueño tan esperado de “tener casa propia”!

La caridad entendida como promoción integral de los pobres
Todas las iniciativas y programas que impulsamos en Cáritas llevan la impronta de nuestra identidad eclesial y misión evangelizadora. Cualquiera sea el tema que se aborde, queremos vivir la caridad tal como lo haría Jesús: haciendo camino fraterno con los pobres para que al crecer en la conciencia de su dignidad y de sus capacidades sean cada vez más protagonistas de su propio desarrollo integral. Nos parece fundamental, entonces, que toda persona pueda participar en instancias sociales y religiosas que le ayuden a desarrollar procesos de crecimiento para que su vida individual, familiar y comunitaria alcance mayor sentido y plenitud.

En esta línea, el acompañamiento de Cáritas a las familias en el “programa de viviendas” resulta sumamente importante. Por un lado, es hacer de puente para que dichas familias puedan contar con ese espacio vital indispensable para vivir que es la casa: el cobijo del techo propio bajo el cual se distribuyen lugares diferentes para diferentes necesidades: alimentarse, asearse y descansar como corresponde. Y que habitada por la familia se convierte en hogar cuando la llena el calor del cariño; cuando se aprende a compartir generosamente el pan cotidiano, las alegrías y las tristezas, la oración confiada y la esperanza; cuando el amor reina en la convivencia generando aliento, respeto, comprensión y perdón.
Por otro lado, la familia que participa activamente en la planificación de su futura vivienda, se capacita también para la etapa de construcción. Y al construir su propia casa, asumiendo esa tarea como un proyecto comunitario, se afianza internamente como comunidad familiar, mejorando su convivencia en clave de cooperación y renovando juntos la esperanza de un futuro mejor.
Construir una comunidad de vínculos solidarios
Por último, a medida que los cimientos iniciales se ven superados por más y más hileras de ladrillos, hay otra construcción que también crece con este trabajo compartido: el fortalecimiento de los vínculos entre las familias, las cuales se sienten cada vez más partes integrantes de ese nuevo barrio que nace como fruto del esfuerzo de todos.
Todo este proceso integral (casa-hogar, familia-convivencia, comunidad-barrio) está sostenido por diversos talleres de capacitación en los que se apuesta fuertemente a trabajar las relaciones humanas y cristianas, a encontrar el mejor modo de tratar y resolver los conflictos, a reflexionar sobre la propia historia de vida -personal, familiar y social- reconociendo la acción de Dios y las invitaciones de Jesús a seguirlo, a elevar la autoestima y acrecentar la calidad de la comunicación interpersonal y grupal. En una muestra concreta de la solidaridad que nos propone el Evangelio, cada uno va aportando sus propios conocimientos y, a su vez, aprende de los demás, porque todos tenemos algo para dar y todos necesitamos de lo que los demás pueden darnos.
Destacamos al principio que lo que se alcanza con esfuerzo se valora más. Podemos afirmar, también, que cuando un sueño es compartido por muchos es más fácil hacerlo realidad porque lo concretamos entre todos. Sigamos trabajando y soñando juntos por una sociedad justa y fraterna, en la que cada uno pueda acceder a condiciones de vida digna.


Una vez más... ¡GRACIAS!! | Junio de 2008

En nombre de todos quienes integramos Cáritas Argentina, quiero aprovechar este espacio que compartimos cada mes para agradecer profundamente la solidaridad y la participación expresadas a lo largo de todo el país el pasado domingo 8 de junio, con motivo de realizarse nuestra ya tradicional Colecta Anual.
Puesto que en muchas diócesis la Colecta se extiende durante todo junio en lo que llamamos el Mes de la Caridad, aún no contamos con los resultados definitivos. Podemos afirmar, sin embargo, que como viene sucediendo desde hace ya varios años, la sociedad se sumó activamente a la propuesta de Cáritas. Y, más allá del aporte concreto en dinero, muchas personas se acercaron para ofrecer la disponibilidad de su tiempo y capacidades como voluntarios, y también para tomar conocimiento con mayor profundidad de la tarea que Cáritas realiza acompañando el esfuerzo de las comunidades más postergadas del país.

Un mensaje diferente en medio de un contexto difícil...
Meses atrás, prácticamente en febrero, cuando comenzamos a reflexionar como institución qué forma darle al mensaje de la Colecta 2008, era imposible imaginar que la misma se desarrollaría en medio de un contexto nacional tan conflictivo como el que hemos vivido en todo el país desde mediados de marzo. Sin embargo, a medida que nos acercábamos al 8 de junio, fuimos descubriendo que la Colecta podía convertirse en una ocasión privilegiada para que todos, aunque fuera por un momento, hiciéramos un alto en medio de tantas discusiones y desencuentros, y orientáramos la mirada y el corazón hacia aquellas hermanas y hermanos nuestros que padecen situaciones de mucha vulnerabilidad y marginación. La propuesta bien concreta de Cáritas fue la de animarnos a mirar por encima del conflicto para reconocer y tratar de comprender, más que medir, la dolorosa situación de pobreza que aún persiste en millones de argentinos, no obstante los índices auspiciosos del crecimiento macroeconómico. Estoy cierto que quienes se animaron a hacerlo lograron tomar conciencia de esa preocupación, más grande que el complejo conflicto, y que nos atañe a todos y no sólo a algunos sectores.

... para que no olvidemos a quienes luchan por su cotidiana supervivencia.
Gracias a Dios, un valor que nos caracteriza como pueblo, y del que tenemos experiencia concreta en Cáritas, es que somos una sociedad sensible y solidaria. El dolor ajeno, la vulnerabilidad de tantos y tantas, la injusticia siguen conmoviéndonos. Pero también es verdad que no estamos exentos de dejarnos seducir por mensajes y actitudes individualistas, o egoístas, que tienden a encerrarnos en nosotros mismos y en nuestro grupo de pertenencia más inmediato. Cuando esto acontece, aquella sensibilidad se acalla y queda como anestesiada, al punto de olvidarnos que muy cerca nuestro hay quienes luchan cotidianamente por su supervivencia.
¿Cómo superar este “olvido”? El lema de este año, “La desigualdad nos duele. Recuperemos la capacidad de compartir”, nos ayuda y mucho. Procuremos que la desigualdad nos siga doliendo, para que ese dolor, no buscado por sí mismo como lo haría el masoquista, sino surgido por la fraterna cercanía con quien padece, obre como permanente resorte de compromiso amoroso por los más pobres. Y renovemos cada día, en lo pequeño y cotidiano de nuestro vivir, ese gozo y vocación a compartir que crecen siempre más y más en nosotros cuanto más experimentamos el compartir de Jesús con todos del don de su amor y de su vida.

La desigualdad nos duele.
Recuperemos la capacidad de compartir | Mayo de 2008

En cada rincón del país hemos comenzado ya a preparar con gozo y esperanza la próxima Colecta Anual que tendrá lugar el domingo 8 de junio. En cada capilla, parroquia y comunidad se multiplica el desafío de salir al encuentro de toda la sociedad para llevar la Buena Noticia del amor de Dios que nos invita a todos, siempre, a seguir creciendo juntos en solidaridad y en compromiso con quienes aún padecen a causa de la pobreza o de situaciones de exclusión.
Al afirmar “La desigualdad nos duele”, estamos queriendo aunar, en ese “nos” que abarca a todos, el dolor que experimentamos al constatar la inequidad social y la desigualdad de oportunidades que golpean duro la vida de tantos hermanos y hermanas. Pero, al mismo tiempo, queremos también proponer, desde Jesús, el camino fraterno de superación: “Recuperemos la capacidad de compartir”.
No podemos acostumbrarnos a la desigualdad
En el mismo hecho de recibir la vida y la naturaleza humana, los hombres recibimos, impreso en nuestra conciencia, el principio moral fundamental que guiará nuestro obrar: “hacer el bien y evitar el mal”. Me animo a decir que junto con dicho principio recibimos también, innato, un sentido interior de la justicia que, desde muy pequeños, nos ayuda a comprender la importancia de la equidad y, por ello mismo, nos hace reaccionar con dolor ante las desigualdades padecidas en carne propia o por otros cercanos a quienes queremos o valoramos. Ya adultos, si todos nos animáramos a examinar con honestidad el uso hecho de nuestra libertad, descubriríamos que las desigualdades en el mundo no se deben a una “mano negra” anónima, sino al pecado de haber “atropellado”, por acción u omisión, con mayor o menor conciencia y responsabilidad, esa fundamental equidad entre los hombres querida por Dios.
La propuesta es, entonces, preguntarnos ahora, individual y socialmente: ¿nos duele verdaderamente la desigualdad entre hermanos o, sin darnos demasiada cuenta, nos fuimos acostumbrando a ella?
El dolor que brota de la toma de conciencia de la desigualdad es, para mí, un dolor sano, fecundo. Es signo de que tenemos los ojos y el corazón bien abiertos. Lo contrario sería aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Es, sobre todo, expresión de amor y comunión con el que sufre, fuerza interior que nos desinstala, interpela y cuestiona, y que nos motiva a trabajar por la justicia, cuya “hambre y sed” son señaladas por Jesús como fuente de bienaventuranza (Mt 5, 6).
Transformar la realidad en clave de compartir
Diariamente encontramos situaciones de vida muy dispares. Bienestar y miseria, oportunidades y exclusión, saciedad e indigencia. La desigualdad existe y es real. No la podemos negar ni ocultar. Personalmente suelo decir: “en la Argentina hay muchas ‘argentinas’ que conviven yuxtapuestas y que prácticamente no se conocen entre sí”. Por eso, la propuesta que planteamos desde la Colecta Anual de Cáritas, es muy sencilla pero bien superadora. Consiste en arrimar realidades y estrechar puentes de cercanía y comunión. ¿Cómo? Ahondando y recuperando la capacidad de compartir! Esto abarca un amplio abanico de “compartires”. Supone, obviamente, acrecentar la generosidad de compartir los bienes que poseemos. Y también el dinero que entregamos como ofrenda de amor. Pero no se detiene ni limita a ello. Compartir es también transmitir a los demás los aprendizajes realizados, poner en común lo que sabemos, darnos a nosotros mismos! Como dice el papa Benedicto en “Deus Caritas est”: “para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona” (34).
Termino con un saludo especial a todos los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Ruego a Dios, por intercesión de San José obrero, que sigan creciendo las posibilidades laborales en nuestra patria pues, lo sabemos bien, el trabajo tiene un lugar irremplazable en la dignidad y realización de cada ser humano.

Caminata institucional: tiempo para revisar lo andado y redescubrir horizontes | Abril de 2008

Quiero aprovechar este espacio de encuentro y comunicación en Huellas para compartirles que estamos comenzando a transitar una etapa bien importante en la vida de Cáritas. Me refiero a la Caminata, un tiempo de reflexión y discernimiento, en el que profundizamos sobre el sentido de nuestra misión y, junto a Jesús, renovamos nuestras prácticas como Pastoral Caritativa de la Iglesia.
La realidad social en la que estamos inmersos es dinámica y cambiante. Por ello mismo necesitamos siempre generar espacios para discernir cuáles son los temas a priorizar en nuestra tarea institucional. Cada tres años definimos las Líneas de Acción que marcarán el rumbo del siguiente trienio. Dichas Líneas surgen como fruto del análisis y reflexión participativa que, a la luz del Evangelio y con la mirada puesta en la realidad de nuestros barrios y comunidades, realiza Cáritas en todos sus niveles: parroquial, diocesano y nacional. A este tiempo de discernimiento institucional que se extiende durante aproximadamente un año, lo llamamos Caminata. Las conclusiones a las que lleguemos serán la base y el fundamento de las próximas Líneas de Acción del trienio 2009-2011, y que serán proclamadas en el Encuentro Nacional que tendrá lugar en mayo de 2009.
¿En qué consiste la Caminata?
Ampliando un poco más lo dicho, podemos definir la Caminata desde tres aspectos. En primer lugar, es un proceso eclesial de movilización, de participación, de reflexión y de celebración que nos ayuda a crecer personal y comunitariamente. En segundo lugar, es un recorrido institucional que realizamos desde la ¨memoria¨ - que nos permite actualizar nuestra acción de gracias al Señor por los dones recibidos y por el camino transitado hasta ahora – pero descubriendo también lo ¨nuevo¨, en un esfuerzo de discernimiento de lo que el Espíritu está queriendo decirnos a través de los escenarios y desafíos actuales – verdaderos “signos de los tiempos” - y generar entonces propuestas pastorales adecuadas y líneas de acción comunes. Por último, la Caminata es un “kairos”, es decir, un tiempo de gracia y de salvación, un tiempo oportuno para volver a encontrarnos con Cristo y redescubrir que su Reino “está entre nosotros”. Es, indudablemente, un tiempo pastoral extraordinario para dinamizar nuestra pastoral ordinaria, y una ocasión privilegiada de renovación institucional.
Nos ponemos en marcha
Vivir la Caminata en Cáritas es empaparnos mejor de la realidad que vivimos, y comprometernos aún más con el dolor de los hermanos y hermanas que padecen todo tipo de dolencias, pobreza y exclusión. El Evangelio y la Enseñanza Social de la Iglesia serán la luz preciosa para alimentar cotidianamente el sentido de dicho compromiso y orientarlo siempre, desde el amor, hacia la construcción de una sociedad más justa y fraterna. La pedagogía de Jesús será el modo irrenunciable de vivir y caminar junto a las comunidades más pobres.
Confiando en el don del Espíritu Santo, que acompaña nuestro peregrinar como Iglesia servidora, los invito de corazón a emprender juntos, cada uno desde su lugar, esta Caminata de todos. Ese mismo Espíritu nos guiará para que el Reino de Dios siga creciendo en nuestra realidad cotidiana.

La Cuaresma: ¡llamado de Dios a una permanente conversión!
| Marzo de 2008

La alegría del reencuentro a través de “Huellas de Esperanza” acontece este año con la Cuaresma ya muy avanzada. ¿Cómo estamos viviendo este tiempo de gracia y especial cercanía con el Señor? Si no lo hemos hecho hasta ahora, estamos todavía a tiempo de revisar nuestros pasos con humildad y confianza para discernir qué llamado a la conversión nos está haciendo Jesús en esta Pascua suya que pronto celebraremos. Para el examen interior de nuestra vida y misión en Cáritas puede ayudarnos reflexionar en los tres grandes llamados a la conversión que El nos hace siempre: a) el más obvio, y frecuentemente el que acapara más la atención de todos, es el llamado a la conversión moral: dejar el pecado, pedir perdón, retomar el camino del bien y la verdad; b) está también el llamado a la conversión pastoral: nuestro modo o estilo pastoral ¿es acorde con el estilo de Jesús? ¿Qué actitudes o prácticas hemos de corregir o simplemente abandonar porque no brotan de su amor ni reflejan sus opciones? ¿conocemos y asumimos los desafíos evangelizadores de hoy (Ecclesia in America, Navega Mar Adentro, Aparecida, etc.)?; c) el tercer llamado, y que fundamenta los dos anteriores, es a la conversión teológica. Consiste en purificar la imagen distorsionada de Dios que tal vez llevamos todavía dentro, liberándonos de todo “dios inventado” o “imaginado”. ¿Como? Renovando por el Espíritu nuestra fe en Jesús, el Hijo eterno del Padre, nacido de María, y que con sus gestos y palabras humanas nos revela cómo es en verdad Dios, en su misterio íntimo y en su plan de salvación para con nosotros.
Ante la mirada amorosa del Padre, todos somos igualmente valiosos
Este camino de conversión fecunda nos ayudará, sin duda, a transformar nuestro corazón y a ver y comprender mejor la realidad desde la mirada amorosa del Padre. Cercanos al día Internacional de la Mujer, es importante recordar que Dios, al crearnos varones y mujeres, nos creó a su imagen y semejanza, igualmente amados y valorados por Él, con la misma dignidad de hijos e hijas suyos. Factores sociales, culturales, económicos y políticos, sin embargo, inciden para que la realidad vital de muchas mujeres transcurra, tristemente, por caminos muy diferentes a este proyecto de Dios. Cotidianamente descubrimos situaciones dolorosas de desigualdad, de discriminación, y hasta de violencia y opresión. En Cáritas procuramos generar procesos de mayor conciencia y sensibilización que favorezcan y defiendan la dignidad de todas y de todos. Ello nos lleva a abordar también el tema de género, pero no desde cualquier perspectiva sino desde el mismo Evangelio y, más precisamente, desde la bienaventuranza prometida a quienes “tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5,6). Esta hambre y sed de justicia evangélicas nos ayudarán, no sólo a reconocer las dolorosas injusticias que padecen tantas y tantas mujeres, sino también a investigar cuáles son las causas que las provocan, y a trabajar procurando revertirlas en pos de una más sólida y necesaria equidad.
Que María, modelo de mujer y de madre, ilumine nuestros pasos para favorecer la construcción de una sociedad en la que todos podamos crecer y vivir como hermanos y hermanas.

Tiempo de renovar desafíos por una sociedad inclusiva y solidaria | Diciembre de 2007

Esta época del año nos invita especialmente a hacer un balance de lo vivido y plantearnos nuevos desafíos. Para hacer aún más fructífera nuestra reflexión, creo que sería valioso que intentemos recuperar, no sólo la vivencia personal o individual, sino también pensar en nuestro compromiso por el bien común, es decir, el bien de todos.
En lo personal, este año me conmovió profundamente conocer de cerca las condiciones de pobreza extrema y marginación de nuestros hermanos y hermanas haitianas, donde compartí junto a miembros de todas las Cáritas del continente, el III Encuentro Continental de Pastoral Social-Cáritas y XVI Congreso Latinoamericano y del Caribe de Cáritas. En ese espacio, además, el Señor me llamó a cumplir una nueva misión en su Iglesia, como presidente de Cáritas Región América Latina y el Caribe. Una misión que asumí con alegría y con el deseo ferviente de aportar, en comunión con ustedes, a la integración y a la unidad de la Región.
Indudablemente, a quienes tuvimos la gracia de palpar una realidad tan dolorosa e injusta nos invadió el estupor y la impotencia pero, a la luz de nuestra misión, también nos sentimos interpelados a redoblar nuestros esfuerzos para fortalecer acciones que favorezcan que todos y todas podamos alcanzar una vida digna. En ese sentido, la Colecta Anual también fue una interpelación e invitación para reflexionar sobre la realidad de pobreza y exclusión que todavía persiste en nuestro país, ante la evidencia de saber que el crecimiento todavía no es para todos, porque muchos hermanos aún no pueden acceder a la educación, a la salud, al trabajo, a la vivienda y, especialmente, a la posibilidad de desplegar las propias potencialidades.
Por eso, el lema "Si JUNTOS nos comprometemos, crecemos todos", nos propuso revertir progresivamente esta situación, convencidos que tenemos que acercarnos al dolor del hermano, haciéndonos prójimos, potenciando nuestra solidaridad hasta convertirla en una verdadera virtud social.
Desde esta convicción, que impulsa cada una de las acciones que llevamos adelante en Cáritas, nos planteamos el desafío de aportar, cimentados en una profunda fe en Jesús que convierte a "los otros" en hermanos y hermanas, formas comunitarias de pensar y de vivir que nos hagan perder el individualismo y nos permitan, gozosamente, hacernos cargo responsablemente de los demás. Y en este desafío cotidiano, quiero resaltar y agradecer el esfuerzo silencioso y permanente de los voluntarios de Cáritas, quienes a lo largo y ancho del país, siguen tejiendo con sus manos incansables, un testimonio encarnado, una red de amor que fortalece vínculos, que hace visible el amor preferencial de Jesús por los pequeños y sencillos. Hoy son más de treinta y dos mil los voluntarios de Cáritas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos que ofrecen su tiempo y talentos personales por el bien común, por el desarrollo y el crecimiento de las comunidades más postergadas. Aprovechando la reciente celebración del Día Internacional del Voluntariado el pasado 5 de diciembre, los bendigo, aliento y animo a seguir trazando huellas de esperanza en el apasionante desafío por construir una sociedad con oportunidades para todos.
Que el Niño Jesús transforme y fortalezca nuestros corazones para que juntos transitemos caminos de fraternidad, solidaridad y liberación. ¡Muy feliz y fructífera Navidad para todos!


Cáritas: amor transformador y vivencia del profetismo eclesial
| Noviembre de 2007

Días atrás, tuvimos la oportunidad de ejercitar nuestra participación política y ciudadana a través del voto en una nueva elección democrática. Creo que todos hubiéramos deseado que los candidatos presentaran sus propuestas con mayor claridad. Prácticamente no hubo en el país discusiones de fondo acerca de ideas y rumbos a seguir. Por ello mismo, estimo que no debe haber sido fácil encontrar criterios objetivos que nos ayudaran a discernir a quién votar. Quiero expresar, al menos como esperanza, el deseo de que en los próximos años siga creciendo la conciencia y responsabilidad ciudadana de todos y todas, de modo que no sólo podamos mejorar el necesario diálogo y análisis político de las diversas líneas y partidos, sino también que puedan surgir más vocaciones para la política y, por tanto, para el servicio desinteresado por el bien común. Recemos para que ello suceda. Y, además, no dejemos de orar por las nuevas autoridades elegidas en los distintos niveles de la vida nacional, provincial y municipal, pidiéndole a Dios que les ayude a ejercer fielmente el mandato que se les ha confiado, rechazando toda corrupción y esforzándose por afianzar una mayor justicia y equidad.
Nosotros mismos, desde nuestra misión en Cáritas, queremos seguir aportando lo propio, en esta nueva etapa institucional de la Patria, para construir un mundo más justo y solidario. ¿Cómo? Volvemos siempre a lo mismo pero nunca está de más insistir: renovando nuestro empeño y fidelidad por vivir apasionadamente el mandamiento del amor fraterno.
Este amor, lo sabemos bien, tiene muchas dimensiones y formas de expresarse, pero todas beben en la misma fuente: el Amor de Dios por todos y todas, especialmente los más pequeños. De a ratos, por tanto, será un amor que no deja de atender las necesidades más urgentes de quienes, por diversos motivos, siguen sin tener acceso a lo más elemental de la vida: el alimento, el vestido, el cobijo, los medicamentos. Pero, sobre todo, buscará ser cada vez más un amor transformador, comprometido y valiente que, sin desanimarse ni medir esfuerzos, persevera en la lucha contra las causas que provocan tanta deshumanización y pobreza y que estrecha, para ello, lazos de unión con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que sueñan también con un mundo de mayor justicia y fraternidad. Hacer visible este amor en obras concretas, nos desafía cotidianamente a impulsar aquellas iniciativas que favorezcan la promoción humana de las comunidades más postergadas, colocando el acento en su fortalecimiento personal, familiar y comunitario.
Seguir aportando lo propio significa también asumir con humildad y coraje nuestro profetismo eclesial. ¿En qué consiste? El Espíritu Santo que nos habita como Iglesia de Jesús, nos impulsa al permanente anuncio de la novedad de la vida en Cristo, novedad que no se limita a la sola interioridad del hombre sino que abarca toda la realidad humana y social. Anuncio con la palabra acerca del sentido del mundo. Anuncio con el testimonio que manifiesta la presencia transformadora de Dios. Anuncio comunitario a favor de la vida en todos sus momentos y circunstancias. Anuncio que sana, reconcilia y hermana. Pero que también denuncia todo cuanto hiere la dignidad de los hermanos y que, por tanto, atenta contra el proyecto amoroso de Dios.
Desde el amor transformador que anuncia y denuncia es que seguiremos aportando lo propio de Cáritas en el hoy de nuestra historia eclesial y social.

El compromiso social y político, aspecto integrante de
nuestra vida cristiana

| Octubre de 2007

Como cristianos, estamos llamados a vivir nuestro compromiso de fe desde un seguimiento concreto a las enseñanzas de Jesús. Este seguimiento, huelga decirlo, no es algo meramente individual, tampoco intimista. Mucho menos desconectado del tiempo y lugar en que vivimos. Vivir en Cristo, siendo sus discípulos, implica que el Evangelio llegue a ser regla de pensamiento y acción para toda la actividad humana. Y así, al mismo tiempo que la fe y la gracia cambian nuestra mirada interior sobre toda la realidad, crece nuestra disconformidad con todo lo que se opone al proyecto de Dios en la convivencia humana y descubrimos que somos corresponsables en la construcción de un mundo más justo, más solidario y más fraterno.

Nadie puede nacer, crecer o vivir aislado de los demás. Estamos inmersos en la sociedad, como hombres y como cristianos. Aunque sin ser del "mundo", entendiendo con esa expresión todo lo que conlleva de pecado, violencia, injusticia y enemistades, vivimos en el mundo, creado, amado y redimido por Dios: "tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo unigénito...". Es esa "Caritas"- Amor, que de El recibimos, la que nos impulsa a trabajar incansablemente, desde nuestra vocación y situación particular, para que, por encima de intereses particulares y sectoriales, privilegiemos siempre y se afiance cada vez más el bien de todos. En la entraña de nuestra vida cristiana está, por tanto, y no como gesto especial de supererogación, sino como camino ordinario de fe, esperanza y amor, la necesidad de crecer en un verdadero compromiso social y político.
Y puesto que este compromiso no madura de la noche a la mañana, necesitamos reflexionar acerca de cómo ir alimentándolo. Mi hermano Obispo, Carmelo Giaquinta, suele decir que nos ayudaría al respecto agregar la dimensión "social" a lo que nos ocupa y preocupa cotidianamente. Intentémoslo con algunos ejemplos. Cuidamos y valoramos la amistad... ¿qué hacemos por fortalecer la amistad social? Necesitamos la paz... ¿construimos la paz social? Nos duelen y rebelan las injusticias... ¿nos golpean igual las injusticias sociales? En toda situación que nos atañe anhelamos participar... ¿cómo promovemos la participación social? No permitiríamos que nos coharten la libertad... ¿defendemos con ahínco la libertad social?

Respecto del compromiso político, algunos descubrirán un llamado a empeñarse en un partido político en orden a la lícita obtención del poder público para ejercer desde él una transformación de la realidad. Pero, más allá de estas vocaciones particulares, todos hemos de empeñarnos siempre por la consecución del bien común, interesándonos por lo que es de todos, por lo que hace a la felicidad, a la dignidad, a la vida plena de cada uno. El talante "político", tesón por el bien común, se puede y se debe ir amasando desde niños ya en la propia familia, en la escuela, en el barrio, en el potrero al que vamos a jugar... y así marcará nuestro actuar de adultos en el club, en el tren en que viajamos, en la sociedad de fomento, en la cooperativa, en las acciones pastorales, dentro de la misma comunidad eclesial, etc.

Destaco, además, que, aún cuando el ahondar desde la fe nuestra actitud social y política es la base de un sano y perseverante compromiso, necesitamos también capacitarnos para poder incidir eficazmente en el devenir de la sociedad. Sabemos bien que la buena voluntad no alcanza. Esto supone un esfuerzo de estudio, análisis, comprensión de la realidad. Nuestra formación cívica es, en general, muy limitada. Frente a determinadas situaciones que superan el ámbito de lo personal y familiar, no sabemos bien cómo obrar porque desconocemos cuáles son nuestros derechos y los caminos para lograr su satisfacción, o cuáles son nuestros deberes y el cumplimiento que hemos de asumir.

Como Cáritas creemos necesario acompañar nuestras acciones con una profunda formación en ciudadanía, que fortalezca el protagonismo de cada uno, en especial de los hermanos y hermanas más desprotegidos. La formación para el ejercicio de los deberes y derechos ciudadanos son también una forma de promover esa inclusión social que anhelamos y que renueva nuestro compromiso generoso por un país mejor.

 


  • La Educación, camino fundamental de promoción e inclusión
    | Septiembre de 2007

    En septiembre conmemoramos diversas fechas relacionadas con el tema educativo: el 8, el día internacional de la alfabetización; el 11, el día del maestro; el 21, el día del estudiante. Quiero, por eso, invitarlos a reflexionar juntos acerca de la educación como camino fundamental para la promoción integral de la persona y, por tanto, para alcanzar la inclusión social de todos y de todas.

    Habitualmente se identifica "educación" con la escuela y, por tanto, con maestros, presupuestos, leyes de educación, conflictos gremiales, federalismo, etc. Sin desconocer estos aspectos, recordemos que "educar" es desarrollar todas las potencialidades que un hombre o una mujer tienen en orden a alcanzar su plenitud como personas. Este desarrollo supone la transmisión de valores y conocimientos, verdadera transferencia de cultura entre las distintas generaciones, que posibilita adquirir las competencias básicas que se necesitan para desenvolverse en una sociedad compleja e interdependiente. La primer educadora es la familia. Pero también lo es la comunidad de fe. Y, por supuesto, la escuela. Ningún niño, por ningún motivo, debería quedar sin escolaridad.

    Desde nuestra experiencia en Cáritas, conocemos de cerca la realidad de muchos niños y jóvenes que, por diversos motivos, pero muy especialmente a causa de las carencias de todo tipo que provoca la pobreza (alimenticias, afectivas, de salud, de estabilidad familiar y social) han quedado excluidos del sistema formal escolar. A menudo, con dolor e impotencia, somos testigos de cómo esta exclusión va hipotecando irremediablemente su futuro. No sólo tendrán menores posibilidades de acceso a un empleo. También sus talentos y cualidades permanecerán sin desarrollar, perderán su libertad más honda dependiendo permanentemente de otros y quedarán con limitadas posibilidades de ejercer sus derechos y de participar como ciudadanos en la construcción del bien común.

    Ante esta realidad, necesitamos renovar incansablemente nuestro compromiso por la defensa y cuidado de la vida de todos, pero muy especialmente de la que está más amenazada. No acceder a la educación, tanto en el sentido amplio de desarrollo de las propias potencialidades, como en el sentido común y elemental de escolaridad, es una amenaza tan grande en la vida de los niños y jóvenes que todo cuanto hagamos por superarla será, para ellos y ellas verdadera bendición de Dios y, para nosotros, verificación constante de la autenticidad de nuestro amor fraterno.

    Y nunca nos olvidemos que aunque no nos dediquemos estrictamente a la docencia, la educación es un tema, es más, una acción que nos involucra a todos. Pidámosle a Jesús, el Maestro, que nos ayude e inspire con su pedagogía de apertura, diálogo, valoración y aprecio del hermano, para que cualesquiera sean las acciones que emprendamos en Cáritas, sean, por el modo en que las hagamos, verdaderas acciones educativas. Que cada palabra, cada gesto, a través del maravilloso acontecimiento pedagógico que brota del amor, sean palabras y gestos "co-creadores" con Dios de personas nuevas, para que el mundo sea nuevo. Fortaleciendo así la dignidad de cada persona, para que el andar por la vida se transforme en confiado seguimiento del que es Camino, Verdad y Vida.

    Antes de finalizar, quiero agradecer especialmente la enorme solidaridad expresada a partir del terremoto que afectó a nuestros hermanos y hermanas de Perú y que es necesario que sigamos sosteniendo en el tiempo, desde un compromiso concreto hacia quienes más sufren. Los invito a rezar por todas las víctimas del terremoto en Perú y del paso del huracán Dean, pidiendo a nuestra Madre de Guadalupe, que los cobije y fortalezca, en medio de situaciones de tanto dolor.


    Que nuestra solidaridad llegue a ser auténtica virtud moral
    | Agosto de 2007

    Hace ya algunos años que, en nuestro país celebramos, el 26 de agosto, el Día de la Solidaridad. ¿Por qué esa fecha? Es importante señalarlo: porque fue justamente un 26 de agosto el día que nació la Madre Teresa de Calcuta quien, más allá de su fe y consagración particular a Dios, es reconocida por todos como modelo indiscutible de servicio y amor solidario al prójimo. Recoger su testimonio nos interpela siempre. De ella aprendemos que "para que el amor sea verdadero, nos debe costar; nos debe doler, nos debe vaciar de nosotros mismos".

    En Cáritas no queremos que este día pase como un día más. Pues queremos vivir el amor, asumimos el camino de la solidaridad como un modo bien concreto de hacer carne en nosotros esa responsabilidad amorosa por los demás a la que Jesús nos invita siempre. Es verdad que la fe, como a la Madre Teresa, nos regala una mirada tal sobre los "otros" que nos permite reconocer en cada pobre y enfermo, en cada herido al borde del camino, a un hermano o hermana en Cristo Jesús. Pero también es verdad que esa fe asume y plenifica el hecho bien humano de sabernos todos y todas "entreverados" en la misma humanidad. Y por lo tanto, corresponsables en construir un modelo de convivencia que, cimentado en el profundo respeto y compromiso por la vida de cada uno, incluya a todos.

    Por partida doble, entonces, por la fe que nos anima y por pertenecer a la misma y única humanidad, la sufriente realidad de muchísimos hermanos nos interpela y compromete cada vez más a ser testimonio de una solidaridad concreta. Una solidaridad que se expresará de maneras diversas. A veces, asociándonos circunstancial e individualmente con alguna ayuda particular a quienes les toca vivir situaciones puntuales de padecimiento, tales como la enfermedad, el abandono de la familia, o emergencias y desastres naturales. Otras, organizando cuidadosa e institucionalmente los mejores canales para que la generosidad de la comunidad llegue a quienes esperan y necesitan su gesto fraterno de cercanía y aliento.

    Pero el modo más hondo de la solidaridad lo alcanzaremos cuando ella llegue a ser en cada uno de nosotros, tal como decía Juan Pablo II en "Sollicitudo rei socialis", una auténtica virtud moral: "la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos". En este sentido nos llevará a estudiar, analizar y denunciar las causas que provocan tanta pobreza y exclusión, y generar mayor conciencia social de lo que acontece en nuestra realidad. Pero no solamente al modo de quien hace "causa" con los pobres y excluidos sino en virtud de esa relación personal, fraterna y solidaria, que ha de brotar siempre por el simple hecho de ser miembros de la misma familia humana. La virtud de la solidaridad nos fortalecerá, sobre todo, en la capacidad de reconocer y valorar la dignidad compartida, alentando ese "estar con" el otro, el prójimo, el hermano, compartiendo el mismo destino y llegando a vivir como propias sus dolencias y necesidades.

    En el mundo de hoy, el individualismo es cada vez más fuerte. Su tesis de fondo es que el individuo se puede realizar, puede ser feliz (tener cosas, gozar de la vida…) sin los demás. No sólo persigue una quimera sino que es profundamente inhumano. Por eso es tan importante que tomemos conciencia de que nuestra acción personal, incluso la más humilde y discreta, en la medida en que reafirma el modo fraternal y comunitario de convivencia, es un aporte precioso al crecimiento de los vínculos y solidaridad en toda la comunidad.

    Que la Virgen María, que vivió, y vive hoy en la bienaventuranza, con un corazón abierto al servicio de los demás sea la luz que guíe e ilumine nuestro caminar.



    La realidad del continente nos desafía a trabajar por la unidad, la justicia y la equidad
    | Julio de 2007

    A medida que transcurre nuestra vida de fe y de misión como miembros de la Iglesia, el Señor nos va revelando su voluntad y nos sorprende, invitándonos a recorrer senderos nuevos, a transitar caminos ciertamente impensados para nosotros. Y espera que no nos detengamos en la respuesta a ese llamado, que avancemos con la confianza de sabernos guiados y acompañados por su infinita misericordia.
    Una vivencia que me conmovió profundamente en este último tiempo, fue conocer de cerca la dura realidad del pueblo haitiano. Un pueblo sumido en la marginación y en la pobreza que, sin embargo, procura sobrevivir cada día, apoyándose en su dignidad y en su esperanza. Agradezco al Señor por haberme concedido esta gracia junto a hermanos de toda la Región, en el marco del III Encuentro Continental de Pastoral Social-Cáritas y XVI Congreso Latinoamericano y del Caribe. Y fue en el marco de este encuentro que descubrí que El me reservaba un nuevo desafío: suceder a mi querido hermano Mons. Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, en la presidencia de Cáritas Región América Latina y el Caribe.

    El primer pensamiento que me surgió ante esta nueva misión fue responderle con un renovado Sí a Él y a su Iglesia. La acepto desde la confianza en Él, pero también desde el reconocerme como un eslabón más en una extensa cadena de compromisos, integrada por tantos hermanos y hermanas a lo largo y ancho de nuestro continente.

    Llego a este espacio con el corazón abierto y disponible, con el deseo ferviente de trabajar por la integración, la unidad y la comunión en la Región, aportando también lo que pueda para ahondar en lo que significan la identidad y la misión de Cáritas.

    Por otra parte, siento que se trata de un tiempo de gracia para toda Cáritas Argentina, más allá de mi persona. Por eso, quiero invitarlos a transitar juntos esta nueva etapa. Y les pido que se sumen por "partida doble". En primer lugar, a través de la oración. En segundo lugar, renovando ese sabernos parte integrante de este maravilloso "continente de la esperanza", para acrecentar nuestra sensibilidad interior, para fortalecer nuestra solidaridad con otras situaciones de pobreza, similares o mayores que las que afrontamos en nuestro país, y que siguen condicionando el derecho a una vida digna de tantos pueblos de la Región.

    Creo profundamente que el Señor nos está invitando a vivir de manera muy intensa y comprometida este tiempo, extendiendo la mirada para ver más allá de nuestras propias fronteras. Uno de nuestros objetivos comunes en Cáritas es alcanzar una mayor equidad y, para lograrla, es necesario reconocer, visualizar e indagar acerca de las causas que provocan la pobreza y la exclusión. Esto nos lleva a abordar un desafío permanente: observar los signos de los tiempos desde una mirada evangélica, porque es a través de esos signos que Dios nos va hablando y nos va reclamando nuestra respuesta de discípulos.

    Con la confianza puesta en Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América, pidámosle que siga acompañando nuestros pasos, para que junto a las demás Cáritas de la Región sigamos trazando huellas, llevando la Buena Noticia del Amor a todos los pueblos del continente.



    Que la vida digna de todos y para todos
    sea nuestro compromiso

    | Junio de 2007
    Queridos amigos y amigas, va un cariñoso saludo en el Espíritu de Pentecostés, unido a la oración para que el "Dulce huésped del alma" renueve en todos la alegría de ser discípulos de Jesús, y nos fortalezca en el testimonio de su Evangelio de verdad y de amor. En este mes de junio, con motivo de nuestra Colecta Anual, salimos al encuentro de toda la sociedad con un mensaje que es fruto de una serena reflexión institucional, a partir de la realidad que vivimos.

    Gracias a Dios, los pasos dados en nuestro país en estos últimos años han sido de una progresiva recuperación que se manifiesta, de manera especial, en la mejoría económica general. Hoy parece lejano el drama y virulencia de la crisis vivida a fines de 2001. Sin embargo, necesitamos preguntarnos todos: la recuperación económica en la Argentina, ¿ha significado un crecimiento de todos y para todos? Sin pretender criticar a nadie, con mucha honestidad tenemos que responder que no. Porque en nuestra realidad de país es aún enorme la población que día a día sigue luchando por su supervivencia. En consecuencia, es importante que no nos instalemos en la complacencia de una mejoría general. Alegrémonos por ella, por supuesto, pero que sea trampolín para seguir luchando por una mayor justicia y equidad.

    "Si JUNTOS nos comprometemos", podremos revertir progresivamente esta situación, porque entendemos que un verdadero desarrollo significa crecimiento y vida digna para todos, con acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, al transporte, al trabajo. A la posibilidad, sobre todo, de desplegar las propias potencialidades, que hacen que una persona o una familia pueda ser protagonista y artífice de su propio destino. Y este crecimiento no se logra únicamente desde la economía; supone un mayor compromiso de todos y todas: estado y sociedad civil, varones y mujeres, docentes y alumnos, esposos y esposas, padres e hijos, empresarios y obreros.

    Por la experiencia acumulada en estos 50 años acompañando a las comunidades más pobres, en Cáritas sabemos muy bien que, en la medida en que uno abre su mente y corazón para ver y comprender situaciones de tanta desventaja para encarar la vida, uno se vuelve más generoso en todo sentido.

    La Colecta de Cáritas es una ocasión propicia para generar mayor conciencia social y fraterna y, al mismo tiempo, para asumir un mayor compromiso. Ambos, conciencia y compromiso, son necesarios. Porque una conciencia que sólo toma conocimiento del drama de tantos hermanos y hermanas y no desemboca en el compromiso personal, sería como una rueda que gira en el aire: al no "morder tierra", no avanza. El Espíritu de Pentecostés, Espíritu de sabiduría y consejo, nos alienta, en cambio, a descubrir cuál ha de ser nuestro aporte para construir una sociedad con mayor equidad y justicia desde la fuerza transformadora del amor. Y así nuestro lema será realidad: "Si JUNTOS nos comprometemos, crecemos TODOS".


    Una vida digna supone mucho más que sobrevivir
    | Mayo de 2007
    Quiero aprovechar esta oportunidad de encuentro para saludar de manera especial en este mes a los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Particularmente, deseo expresar mi solidaridad con aquellos hombres y mujeres de nuestros barrios que, aún padeciendo situaciones de pobreza y exclusión, se esfuerzan día a día en la búsqueda de oportunidades que les posibiliten el acceso a una vida digna. Muchos de ellos, son jóvenes y adultos que, a pesar de sus saberes, oficios y ganas de salir adelante, a menudo les queda, únicamente, la ardua y fortuita posibilidad de encontrar una changa, obtener un trabajo temporario o acceder a un plan social o a un subsidio.

    Esta realidad me lleva a pensar que en algunos sectores de nuestra sociedad aún nos falta tomar conciencia sobre lo que significa la dignidad de las personas. A veces, pareciera que con tener esa "changuita" o un plan asistencial, y alimentarse en un comedor comunitario alcanza para dejar de ser excluido o excluida. Pero sabemos que la posibilidad real de desarrollo de estos hermanos y hermanas nuestras sigue siendo lejana. Creo que nos falta mucho por andar, y mirando hacia adelante, siento que es deber y derecho de cada uno el asumir una práctica responsable de nuestra ciudadanía, para que el proyecto de erradicar la pobreza y posibilitar la vida digna y el crecimiento de todos, no sea solamente un buen propósito sino un camino posible, verdadero y sustentable.
    Por otra parte, pienso también en el momento histórico que atravesamos como país, y me preocupa cómo esta realidad de pobreza y falta de oportunidades convive junto al mejoramiento de los índices macroeconómicos. Veo que la brecha entre quienes tienen en abundancia y quienes carecen de lo necesario sigue siendo muy grande, y me pregunto cómo se están distribuyendo las riquezas en el país.
    Es por eso, amigos y amigas, que los invito en este mes de mayo, tiempo de historia y compromiso en el que también celebramos el surgimiento de nuestra Nación, a aprovechar la posibilidad que la democracia sabiamente nos ofrece para reflexionar juntos sobre la marcha de nuestras acciones y preguntarnos nuevamente qué sociedad queremos ser.
    Desde Cáritas, y como Iglesia, asumimos esta tarea, creyendo en la ayuda de Dios, en el compromiso perseverante de todos y de cada uno y, de manera especial, en el protagonismo de los mismos pobres en los espacios de participación y decisión, ya que el ejercicio de la ciudadanía es también un sinónimo de inclusión social.
    Para finalizar, quiero junto con ustedes, pedirle al Padre que en este tiempo en el que celebramos la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que tiene lugar en Aparecida, Brasil, nos ilumine con su Espíritu, para que como Iglesia que camina en América, nos sintamos llamados a ser signo del Amor preferencial de Dios por los pobres en la vida de nuestras comunidades.


    Vivamos como testigos de Jesús Resucitado
    | Abril de 2007
    Aleluya! Jesucristo ha resucitado! Feliz Pascua de Resurrección para todos y todas!
    Con este saludo fraterno, lleno de renovada esperanza, quiero compartir con ustedes y con todas las Cáritas de Argentina la alegría profunda de estar celebrando, en Cristo y por Cristo Resucitado, el triunfo del amor y de la vida. Esta certeza de nuestra fe, que supera todo lo que humanamente podríamos esperar, es y será siempre el fundamento que sostiene nuestra vida cristiana y la construcción de su Reino de paz, de justicia y de amor.
    Adentrarnos en el misterio Pascual de Jesús es, además, el único camino para no desanimarnos ni rendirnos frente a tantas situaciones difíciles y dolorosas que nos atraviesan el corazón y que suelen generar un pesado sentimiento de impotencia. Situaciones "pequeñas" de desencuentros y peleas, incomprensiones y rencores en el ámbito personal y familiar. Situaciones "enormes" de marginación y pobreza, injusticia y emergencias en el ámbito comunitario y social. ¡Cuántas veces brota en nuestro interior ese grito punzante de la impotencia transformada en pregunta: "¿qué puedo hacer?"!. Cuántas otras quedamos sumergidos en un silencio profundo ante la realidad que nos supera.
    Pocos días atrás viví intensamente ambos: pregunta y silencio. Con motivo del III Encuentro Continental de Pastoral Social-Cáritas y XVI Congreso Latinoamericano y del Caribe de Cáritas, junto a miembros de todas las Cáritas de América, pude entrever parte de la realidad que vive el pueblo de Haití, el país más pobre del continente. Cruzar la frontera desde República Dominicana, atravesar la ciudad de Puerto Príncipe y recorrer los 180 kms. hasta Les Cayes, donde se realizó el Encuentro, me provocó una tremenda conmoción interior. ¿Cómo encontrar el camino que procure una vida digna a tantos, ¡tantos hermanos y hermanas! que, al borde de caminos destrozados, entre montañas de basura acumulada por las lluvias, sin agua corriente, ni cloacas, ni alumbrado público, con mercaditos improvisados de compraventa o trueque de productos elementales del campo, viajando como ganado en la caja de camionetas o en camiones, teniendo como principal recurso para sobrevivir la propia salud y fortaleza física, van peleando cada día contra la marginación y pobreza?
    Sin ir tan lejos, el drama de las inundaciones en varias provincias obligó nuevamente en nuestro país a miles de familias a tener que dejar sus casas. ¿Podría haberse evitado perder en horas el fruto de tantos años de sacrificios y trabajos? ¿Cómo recomponer, además de la casa, el ánimo golpeado?
    Si el odio y la injusticia hubieran sellado para siempre la tumba de Jesús el Viernes Santo, nuestro destino fatal no sería otro que acostumbrarnos a vivir en la impotencia del crucificado... en la pregunta del "¿por qué nos has abandonado?"... en el silencio de la muerte... Pero algo inaudito aconteció! Ese silencio paralizante y mortal fue roto definitivamente por la respuesta del amor poderoso del Padre: JESUS RESUCITÓ! Y con El también nosotros!. Y por la acción del Espíritu que nos apropia la Pascua del Maestro, somos transformados de tal manera que nuestra nueva vida en Cristo es vocación y misión a ser hoy palabra profética de fraternidad, servicio y amor.
    Y aunque nos sigan acechando sentimientos de impotencia, o preguntas sin fáciles respuestas, o silencios de perplejidad ante situaciones que nos superan, la Pascua que celebramos nos regala certezas más hondas que confirman para siempre el sentido y fecundidad de nuestro compromiso cotidiano en Cáritas: Dios desacreditó la violencia, el pecado y la muerte y acreditó a Jesús como Camino de amor que nos hermana, Verdad que libera de toda opresión y Vida abundante que dignifica a todos y todas. Con el Resucitado podremos encontrar caminos nuevos que expresen la entrañable y generosa fraternidad con los pobres y entre los pueblos del continente y del mundo.



    ¡Cuaresma! Ahondemos con nuestros pasos las huellas de esperanza que Jesús inició para todos
    | Marzo de 2007
    Es una gran alegría para mí reencontrarnos a través de nuestro boletín Huellas de Esperanza. En este nuevo año que ya hemos comenzado, estoy cierto que Dios nos irá llevando por caminos ya conocidos y transitados y, al mismo tiempo, por nuevos desafíos para seguir creciendo como personas, discípulos de Jesús, hermanos y hermanas de todos, especialmente de los más pobres. Cuando estas líneas les lleguen, estaremos viviendo una nueva Cuaresma. Tiempo ya conocido de preparación a la Pascua, pero siempre tiempo nuevo y privilegiado de conversión. Como cristianos, de alguna manera "detenemos" un poco la marcha. Jamás para instalarnos. Todo lo contrario. Para dejarnos "cuestionar" por el amor de Jesús que nos vuelve a invitar a creer en El, a refundar en su Evangelio nuestro camino y esperanza, a dar testimonio cotidiano del amor con nuestros gestos, palabras, opciones y compromiso con y por los demás. Es tiempo para dar muerte al hombre viejo y renacer con Cristo en su Pascua a la alegría de la vida nueva y plena que sólo en El encontramos.
    Seguir los pasos de Jesús
    Desde nuestra misión en Cáritas, el llamado a abrir el corazón supone afinar el oído interior para volver a escuchar en el hoy de nuestra historia su invitación a seguirlo, ahondando con nuestros pasos esas "huellas de esperanza", fecundas y transformadoras, que El mismo abrió de una vez y para siempre para todos los hombres. Porque Jesús vino a sanar las heridas, a contener a los corazones afligidos, a denunciar todo aquello que daña la vida, en cualquiera de sus formas. Vino a dignificar a cada persona, a defender a los más pequeños, a los más pobres, a quienes no se pueden valer por sí mismos. Vino para desarticular esas enemistades y divisiones que nacen del pecado humano y que nunca son queridas por Dios. Como dice San Pablo, "vino a hacer de todos una sola familia, un solo pueblo", reconciliándonos en el amor. Vino, sobre todo, para que todos podamos experimentar que somos incondicionalmente amados por El.
    "Nobleza obliga... amor con amor se paga", decía Santa Teresa. Por eso es que nuestra labor en Cáritas no es otra que continuar y hacer presente con la palabra y el testimonio el Reino que Jesús comenzó. Todo lo nuestro ha de entrar en esa construcción. El camino recorrido y el que falta recorrer. Nuestro modo de relacionarnos con los demás, sumando experiencias, aprendizajes, éxitos... y también fracasos. La creciente toma de conciencia de nuestros propios límites y debilidades, talentos y carismas. Incluso la enorme diversidad que constatamos entre nosotros, lejos de ser obstáculo es riqueza que ha de aportar, en el mismo palpitar de la fe, al afianzamiento de la unidad plural y variada de todo el género humano.
    A modo de ayuda para transitar esta Cuaresma les propongo reflexionar humilde y sinceramente en torno a esas preguntas fundamentales que no siempre nos hacemos: ¿Quién soy? ¿Qué estoy generando, creando con mi propia vida? ¿Por qué vivo de esta manera y no de otra? ¿Quién cuenta conmigo? Respondernos estos interrogantes, de la mano de Jesús, nos ayudará a reencontrar con mayor hondura el rumbo de nuestra existencia y a recibir con apertura de corazón los nuevos desafíos e invitaciones que el Señor nos haga.
    Van mis mejores deseos y el compromiso de mi oración para que vivamos todos una fecunda y santa Cuaresma.


    Navidad: "desmesura" del amor de Dios que derriba los límites de nuestro "mesurado" amor
    | Diciembre de 2006
    Adentrándonos en el tiempo de Adviento, distintos signos y gestos van adornando nuestras casas, comunidades y barrios, anunciando la gran celebración del nacimiento del Hijo de Dios. Es como si poco a poco nos fuéramos acercando a Belén. Y junto a los demás peregrinos que acuden también a contemplar a Dios hecho Niño, nos disponemos a dejarnos sorprender nuevamente por la inmensidad de su amor que supera toda comprensión humana.
    Este extremo de entrega y de cercanía de Dios con respecto a la humanidad nos enseña el rumbo y contenido del verdadero amor: aprender a ponernos en el lugar del otro para emprender juntos caminos de liberación, crecimiento y fraternidad. Cuando este aprendizaje se va afianzando en cada uno de nosotros... todo cambia! Cualquiera que esté a nuestro lado puede ser inmediatamente visto, valorado y tratado como hermano o hermana. Y al asumir su realidad como parte de mi realidad, se afianzan y renuevan también los vínculos sociales.
    Por todo esto, la Navidad nos hace siempre tanto bien porque al beber en la "desmesura" del amor de Dios podemos superar la "mesura" en que solemos achicar nuestro propio amor. No se trata sólo de dar "algo" de nuestro tiempo o de nuestros bienes. En realidad en el niño de Belén descubrimos que se trata de "algo" mucho más hondo, que no anula la generosidad del compartir sino que la lleva a su hondura más plena: se trata, sobre todo, de darnos a nosotros mismos.

    Proyectar un futuro para todos
    En este tiempo muchos de nosotros intentamos hacer un balance de lo vivido en el año que termina. E incluso comenzamos a hacer propósitos para el nuevo año que comienza. En este proceso de recuperar la vida y de fijarnos nuevas metas procuremos también abarcar proyectos que nos involucren a todos como sociedad, aunque parezca utópico o demasiado grande. Sobre todo que en nuestro horizonte personal esté seguir trabajando siempre por el acceso de todos a una vida digna, a oportunidades de desarrollo, a la participación ciudadana plena.
    Y que al expresarnos mutuamente los buenos deseos, podamos expresar también con ellos nuestra voluntad y compromiso de construir una sociedad mejor, con honestidad y con el esfuerzo cotidiano de cada uno. En este sentido, quisiera agradecer de modo especial la tarea silenciosa de miles de personas, entre ellas muchos voluntarios que perseverantemente testimonian su compromiso con el prójimo a través de distintos proyectos de promoción humana y ciudadanía. Cada uno de ellos, sus familias y comunidades, van sembrando una esperanza