|

Cáritas
Bahía Blanca
Presencia de emprendedores solidarios en un balneario de la
ciudad
Hasta el 15 de marzo de 2007, un grupo
de microemprendedores acompañados por Cáritas
estará presente en el Complejo Recreativo del Balneario
Maldonado de la ciudad de Bahía Blanca, atendiendo
la cantina y el buffet del lugar. Se trata de 30 artesanos
y pequeños productores, reunidos en la feria Acutuy
Pillmaikëñ quienes, respondiendo a una invitación,
se organizaron para asumir este proyecto, en el que también
se prevé la realización de una feria de productos
artesanales y de actividades culturales, durante los fines
de semana de la temporada estival.
Para más información pueden
comunicarse al teléfono (0291) 4538303 o a través
del correo electrónico bahiablanca@caritas.org.ar
Cáritas
San Isidro y la Cooperativa Manos del Delta
“Dejar de pensar en uno mismo para pensar en lo de todos”,
expresa con convicción y entusiasmo Delfor Barbero,
al referirse a cómo es formar parte de la cooperativa
“Manos del Delta” que lleva adelante un grupo
de residentes isleños desde 1996. Este espíritu
atraviesa la vida del proyecto y desafía a todos quienes
lo integran: “estar y pensarse juntos para salir adelante”.
“Todo empezó con la necesidad de trabajar, especialmente
de las mujeres porque, en la isla en general, no hay trabajo
para nosotras, aclara Dora Raupenstrauch.
El comienzo estuvo marcado por las capacitaciones y los talleres
que se brindaron, “hubo muchas personas y se hicieron
varios cursos, pero no todos siguieron. Creo que los que lo
hicimos somos los que asumimos trabajar de esta forma”,
dice Natalia Delfín.
En la actualidad, son alrededor de 20 quienes integran la
Cooperativa que para comercializar sus productos cuenta con
un puesto ubicado en el Puerto de Frutos del Tigre. “Cada
socio hace algo diferente. Hay un artesano que se dedica a
tallar troncos, otro a fabricar velas y así cada uno
tiene su ramo específico para desarrollar”, agrega
Natalia.
Todo parece aprovechable ya que los materiales que utilizan
de la naturaleza son renovables y eligen preferentemente los
productos de las podas o los que las mismas plantas desprenden.
Con ellos realizan cestería en junco, en corteza, botánica
y en mimbre, lámparas y bandejas rústicas, lápices
ecológicos, entre otros.

Al referirse
a cómo tomaron contacto con Cáritas San Isidro,
Guillermina Weil dice “nos contactamos con el párroco
del Delta, P. Juan Martín porque queríamos armar
un proyecto para estar en el Puerto de Frutos y nos sentíamos
inseguros. El nos acercó a Cáritas y tuvimos
ya dos o tres reuniones. Fundamentalmente nos están
apoyando en lo que es comercialización y ventas”.
Indudablemente este proyecto fortalece la vida de la comunidad
generando oportunidades de trabajo para la inclusión
de la mujer que vive en las islas del Delta, favoreciendo
la cultura del trabajo en relación con el medio ambiente
(la biósfera) y fomentando valores como el de la solidaridad
entre sus miembros: “en la isla donde, en general, vivimos
muy aislados unos de otros, la cooperativa nos une y nos acerca
con un fin común a todos”, concluye Rocío
Noeltingh.
Cáritas
Humahuaca
Labor incesante y silenciosa de los hermanos Kollas
En Argentina viven más de 18 pueblos indígenas,
integrados por aproximadamente un millón y medio de
hermanos que luchan por mantener viva su identidad, sus derechos
y su cultura ancestral. La Semana de los Pueblos Indígenas,
que tiene lugar cada año, genera un importante espacio
para expresar sus reclamos como integrantes activos de nuestra
sociedad, desde la riqueza de su saber y ante la imperiosa
necesidad de que sean contemplados.
Uno de estos ejemplos de labor incesante y silenciosa es la
comunidad kolla que habita en la Prelatura de Humahuaca. Cáritas
brinda asistencia técnica y financiera con un proyecto
que comenzó en 2002 con el fin de colaborar con familias
que se dedican a la fabricación de productos artesanales,
a partir de materia prima existente en la zona.
Capacitación para crecer
El proyecto “Ayuda al Desarrollo de Artesanías
del Pueblo Kolla” se inició con la intención
de capacitar a algunas familias de artesanos de la zona a
fin de que optimizaran su producción. Las expectativas
iniciales se superaron rápidamente: ya se financiaron
45 microproyectos en las localidades de Iruyá, Santa
Victoria, La Quiaca, Rinconada, Abra Pampa, Susques y Humahuaca.
La capacitación creció tanto en temáticas
como en el número de interesados para asistir. Más
de 700 personas en total participaron de alguno de los talleres,
que abordan entre otros temas el tratamiento y preparación
de la fibra de llama y de oveja, hilado, tejido, teñido,
curtido de pieles, badana y tientos, confección con
cueros y pieles, construcción de hornos y fabricación
de piezas de cerámica, rescate de diseños andinos.
En relación a la comercialización, se los capacita
en contabilidad, costos y control de calidad.
El desafío de trabajar en red
Se trabaja con gran esfuerzo para que los artesanos logren
organizarse en red y articular acciones con otras instituciones.
Pero el mayor desafío de esta iniciativa lo constituye,
sin dudas, la comercialización. Ante la creciente necesidad
de contar con un espacio concreto para ofrecer a la venta
la producción realizada nació “Manos Andinas”,
un local de exposición y ventas ubicado en Humahuaca
que funciona con la modalidad de los “comercios solidarios”:
el precio lo fija el artesano y se recarga sólo un
10% para cubrir los gastos de mantenimiento del local, que
funciona como nexo entre cliente y artesano, y no como revendedor.
Como fruto de diversas gestiones, actualmente realizan ventas
a comercios de Buenos Aires y Bariloche y exportan tejidos
en fibra de llama y alpaca a Italia y Francia. Desde Cáritas
diocesana, además, se alienta a los artesanos para
que participen en ferias provinciales. En dos oportunidades
sus productos compitieron, logrando el primer premio en la
Exposición Rural en Buenos Aires y un segundo puesto
en la Feria Andina de la Llama, en Abra Pampa.
A través del esfuerzo silencioso y su sabiduría
milenaria, nuestros hermanos nos enseñan a renovar
la esperanza.
Cáritas
Cruz del Eje
Cultura y dignidad desde el trabajo artesanal
El departamento Minas, ubicado en la diócesis de Cruz
del Eje, tiene una fuerte presencia de población rural.
Se dedican mayormente a la cría de ganado bovino, caprino
y ovino en menor escala. Más de la mitad de sus habitantes
vive por debajo de la línea de pobreza. Algunos de
los mayores problemas que padecen es la falta de tierras y
su regularidad dominial. La extensión de estos terrenos,
muchas veces heredados de abuelos o bisabuelos, ya no bastan
para desarrollar mínimamente una actividad agraria
que garantice la subsistencia familiar. Otras actividades
como la frutihorticultura y el cultivo de maíz, se
destinan casi exclusivamente al consumo particular.
Ante un panorama tan negativo, podemos pensar que demasiadas
puertas se han ido cerrando en la vida de esta comunidad.
Sin embargo, con el acompañamiento de Cáritas
Cruz del Eje, la implementación del Proyecto de Aprovechamiento
de Lanas está abriéndoles una perspectiva nueva.
Recuperando saberes
Olga Guzmán tiene 56 años, está casada
y es mamá de 4 hijos. Es hilandera, costurera y ama
de casa. Nació y se crió en La Estancia. Vivió
siempre en el campo y nos comparte su historia y su vivencia.
“Aprendí de ver a mi madre, y ella de su madre.
Yo le ayudaba a urdir y a enlisar... Ahora le enseño
a mi niño para que trabaje: hace caronillas, huinchas.”
El proyecto surgió con el fin de revalorizar la cultura
tradicional de la región, en relación al hilado,
teñido y tejido de la lana de oveja, “saberes
transmitidos de generación en generación que
se iban perdiendo o se dejaban de realizar”, nos explica
Constanza Malik, trabajadora social del proyecto. “El
emprendimiento alcanza a aproximadamente 35 artesanas y apunta
a que los pequeños productores de lana mejoren y valoren
su esquila, y las hilanderas y tejenderas puedan vender sus
artesanías con dignidad y se organicen solidariamente”.
Lograr acuerdos a través de una comunicación
fluida entre familias que habitan en zonas rurales no es tarea
sencilla. Por eso, “se organizaron cuatro grupos de
trabajo en las comunidades de La Playa, La Estancia, La Argentina
y San Carlos, que se reúnen una vez al mes. En estos
espacios cada grupo de hilanderas discute y acuerda el funcionamiento
del proyecto, plantea propuestas de trabajo y entrega la producción
de lana hilada para su comercialización. También
es un momento de capacitación, en relación al
uso de la rueca, al hilado, teñido y tejido”,
cuenta Constanza.
Una comunidad que se une y crece
Organizarse, compartir y aprender juntos como comunidad son
las llaves que permiten a estas familias abrir las puertas
de la esperanza y de una vida más digna. Estos son
algunos de los frutos del proyecto:
-Banco de lanas: en la época de esquila se compran
a productores locales alrededor de 1000 kg de vellón
que se utilizan durante todo el año. Las hilanderas
se van abasteciendo, comprándolo al banco de lanas
y el recupero de ese fondo permite reinvertirlo, comprando
más vellón.
-Fondo rotatorio de ruecas: las hilanderas interesadas adquieren
una rueca y van devolviendo el costo de la misma en cuotas.
Al recuperarse la inversión, se reinvierte en la compra
de nuevas ruecas.
-Fondo de hilados y fondo de tejidos: se utiliza para cubrir
los costos fijos de la producción y el trabajo de las
hilanderas y tejenderas.
Para finalizar, Olga nos cuenta cómo comenzaron: “Nos
ofrecieron desde Cáritas de San Carlos Minas traer
lana para hilar, y así se armó un grupo. Le
avisé a toda la gente, y cada uno fue con la lana que
tenía.. Desde que estamos en el grupo vamos conociendo
más personas, nos van dando más conocimientos...
uno va aprendiendo.”
Actualmente la meta principal es evaluar lo realizado y plantear
estrategias para garantizar la sustentabilidad del proyecto
en el tiempo. Desde Cáritas diocesana, por su parte,
se busca fortalecer la organización comunitaria y,
en consecuencia, lograr una mayor autonomía de los
grupos.
Cáritas
Yguazú
Taller de cerámica "Barro Vida"
“Barro Vida” es una iniciativa que surgió
en Cáritas Yguazú, buscando una salida al grave
problema de la desocupación. Lo que se inició
como una capacitación en cerámica y alfarería
para un grupo de mujeres que estaban sin trabajo, hoy se convirtió
en un microemprendimiento que acaba de cumplir su segundo
año de vida y a sus doce integrantes les permite llevar
el pan a sus casas y recuperar la dignidad y la identidad.
Olga García, una de las participantes
del proyecto, nos cuenta que comenzaron el 3 de marzo de 2003
y explica de qué manera lo hicieron: “a través
de Cáritas conseguimos el lugar, que es un espacio
dentro de la parroquia, y también los materiales que
necesitábamos para empezar”. El trabajo con la
cerámica las acerca a su tierra, a sus raíces,
ya que “yo escuchaba a mi abuelo –recuerda Olga-
que comentaba que ellos hacían todas las vasijas, todo
lo que usaban en la casa, pero yo nunca pensé que podía
llegar a hacerlo también, y ahora es como si vieras
a un hijo tuyo cada ves que abrís el horno. Ver una
obra que vos hiciste con tus propias manos y llevarla a la
mesa o cocinar con ella, es algo impresionante”.
También es positivo desde
lo comunitario, ya que aprender y amasar juntas el barro les
enseñó “a compartir, a ver con otros ojos
todo lo que pasa a nuestro alrededor; aprendimos a ser un
poquito más sensibles a los problemas de los demás
y tratamos de ayudarnos en lo que se pueda”.
Cáritas
Alto Valle y Pastoral Migratoria
Un trabajo compartido por la integración de la comunidad
boliviana
Con la finalidad de promover el diálogo
y la integración de las familias que eligieron la zona
para trasladarse a vivir, el trabajo conjunto entre Cáritas
Alto Valle y Pastoral Social da cuenta de que ante todo, somos
hijos de un mismo Padre, y en razón de sabernos hermanos
de la fe, en el año 2000 comenzaron a acercarse a las
familias bolivianas. "Provienen de diferentes lugares
de Bolivia y tratan de conservar sus costumbres, sus tradiciones,
su lengua y sus devociones. En el Alto Valle, hay una gran
mayoría cuyo idioma es el quechua y muy pocos aymaras",
expresa Eva Suarez, delegada diocesana de Pastoral de Migraciones.
En estos primeros acercamientos, se propuso
celebrar en agosto, la fiesta de la Virgen de Urkupiña,
venerada en Cochabamba, una de las ciudades más grandes
de Bolivia: "se formó la comisión de la
Virgen integrada por unos cuantos matrimonios bolivianos,
es una comisión horizontal donde nadie es jefe, ni
más que otros. También comenzó la Catequesis
de Adultos, coordinada por ellos mismos. A partir del acompañamiento
de la Virgen María, hubo como un despertar: la comunidad
boliviana comenzó a tener identidad, a participar de
la vida cívica, cultural y religiosa de la ciudad".
Esta convocatoria tiene grandes riquezas
ya que transforma las relaciones sociales al interior de la
comunidad boliviana y, entre ella y la sociedad rionegrina.
Fortalece los lazos afectivos y solidarios, recupera la cultura
originaria de quienes llegaron hace ya un tiempo y ayuda al
reconocimiento, "se hicieron visibles. Ahora la municipalidad
los invita a la vida ciudadana, y las instituciones sociales
los va incorporando a la vida social de la ciudad".
Acuerdos y desafíos
Comenzaron con un taller de alfabetización al cual
concurren las mujeres, con el objetivo de lograr una mayor
integración social a partir de la posibilidad de asistir
a la escuela. La idea surgió luego de "muchas
reuniones donde se fue construyendo la confianza y el cariño
suficiente como para proponerlo", cuenta Eva.
Este encuentro entre la comunidad y el
trabajo de Cáritas y Pastoral Migratoria, propició
también otros proyectos e ideas que fortalecen la integración
y buscan, al mismo tiempo, la capacitación. Entre los
temas propuestos figuran: tejido, costura y reciclado de ropas,
nutrición, violencia familiar, cocina con aprovechamiento
de hortalizas, etc. "Los talleres están esperando
turno, no sólo por la falta de un lugar adecuado y
de voluntarios, sino también por falta de fondos para
implementarlo. Pero son una necesidad muy sentida", agrega
Eva.
Cáritas Paraná
Trabajo por la reinserción social en el Volcadero
Dentro de la ciudad podría pasar
inadvertido el Volcadero, un basural en el que viven 97 familias
donde el tiempo parece haber perdido toda dimensión.
Este se convierte en una fuente de supervivencia donde la
gente logra reunir algunos pesos para vivir cada día
mediante la selección y la venta de cartón,
residuos, chapas, hierro y bronce.
En este contexto donde pocos parecen
ser los caminos, el grupo de jóvenes misioneros San
Juan Diego de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe,
acompaña a la comunidad a través de distintas
actividades: organizan juntos almuerzos para los más
pequeños, madres embarazadas y ancianos, sirven el
chocolate por la tarde, enseñan catequesis y dictan
cursos de alfabetización para quienes lo necesitan.
No es de menor importancia la recreación a través
de juegos, talleres de dibujos y todas aquellas actividades
que ayuden a los chicos a desarrollar sus cualidades. "Es
todo un desafío compartir lo cotidiano con estas familias.
Los jóvenes tienen su parte formativa y después
de las actividades celebramos la Eucaristía. Nos reunimos,
charlamos sobre la experiencia del día y es un espacio
de formación espiritual", expresa el Padre Agustín
Hertel, coordinador del grupo misionero.
Los jóvenes que trabajan en el
Volcadero son aproximadamente 30, de distintas ocupaciones,
pero con una fuerte vocación de servicio al hermano
más necesitado. Viven cotidianamente intentando ayudar
a cambiar la dura realidad de estas familias que sienten la
marginación y la exclusión dentro de una sociedad
que no les ofrece espacio. "Los chicos tienen entre 15
y 24 años, todos pertenecen a la misma realidad. Pudimos
trabajar con ellos para que terminaran la secundaria y algunos
comenzaran la universidad. Varios están estudiando
trabajo social, como un modo de desarrollar y canalizar esta
inquietud particular desde todo lo que están haciendo.
Veo un compromiso muy grande, fueron descubriendo que son
útiles, que desde su mismo lugar pueden servir a hermanos
como ellos", continúa el Padre.
Esta actividad comenzó hace tres
años, con un grupo misionero enmarcado dentro de Cáritas,
en el que también se integraron distintas pastorales
y voluntarios de Catequesis, Acción Católica,
Punto Corazón, juntos con jóvenes de las carreras
de Trabajo Social, Psicopedagía, Psicología
y Ciencias Políticas. "Hace tres años existía
sólo el templo. Se comenzó a hacer una casa,
un espacio para estar, brindar contención como comunidad.
Ahora llegó el momento de dar todo lo que tenemos,
lo poco, lo pobre, lo simple, pero lo importante es estar
presente con aquellos que están sufriendo mucho más
que nosotros", comparten desde la parroquia.
La tarea cotidiana en el Volcadero intenta
ser un espacio de desarrollo humano frente a la crisis que
atraviesa nuestro país. Esta labor que se emprende
desde los valores de la justicia, la solidaridad y la dignidad,
es razón para seguir pensando horizontes de esperanza.
Ella se convierte en energía creadora para la búsqueda
de nuevos caminos y se expresa en los miles de brazos que
se extienden diariamente acompañando a estas familias.

Proyecto Viviendas | Cáritas
Bahía Blanca
“En nuestra ciudad existe
un creciente deterioro y falta de consolidación de
viviendas, principalmente en los sectores populares de la
ciudad. Son familias cuyo standard de vida ha ido decayendo,
fruto de la precarización generalizada por la que atraviesa
el país, fundamentalmente en el campo laboral”,
cuenta José Olmedo, director de Cáritas Bahía
Blanca.
El Proyecto de Mejoramiento Habitacional
que Cáritas Bahia Blanca realiza junto a ABC (Comunidades
Evangélicas) y a la Federación de Sociedades
de Fomento, consiste en otorgar créditos en materiales
de construcción, destinados a pequeñas construcciones
o mejoras en las viviendas de la comunidad.
Se encuentra funcionando en 10 sectores de la ciudad, de los
cuales 5 están a cargo de equipos de voluntarios de
Cáritas.
Los fondos de financiación provienen
en parte del Gobierno de la Provincia y en parte de la Municipalidad,
aplicándose en forma de un fondo rotativo, por el cual
las familias aportan una cuota que permite, al mismo tiempo,
el acceso de nuevas familias al Programa de Créditos.
Pero más allá de la ayuda
concreta, este programa cuenta con un componente de vital
importancia y hasta novedoso. Los vecinos beneficiarios del
proyecto se constituyen como grupo y se reúnen mensualmente
en Asamblea con el propósito de definir el acceso al
crédito, considerar la situación particular
de cada vecino en caso de atraso en los pagos, revisar cuentas
y proponer alternativas solidarias relativas a la vivienda.

Experiencia de
Pastoral Carcelaria | Cáritas San Martín
Desde hace dos años, Cáritas
San Martín realiza variadas actividades que buscan
completar la asistencia con la promoción humana de
las personas.
También la cárcel es un
ámbito para facilitar la promoción y con la
autorización de los directores de la unidad, se ha
comenzado a realizar esta tarea, a través de un taller
de artesanías.
Es así que comenzó a funcionar
este proyecto en el que las internas pueden contar con una
herramienta útil para el momento en el que retomen
su ritmo de vida cotidiano y como medio para recuperar la
identidad

Microcréditos
| Cáritas San Isidro
Esta Red de Formación Profesional
existe desde 1992 y en la actualidad reúne a 16 centros
distribuidos en los cuatro partidos que comprende la diócesis.
Allí se dictan un total de 40 cursos para alrededor
de 1100 jóvenes y adultos.
Debido a la situación creciente
de desempleo, en los últimos años se vio la
necesidad desde la Red, de poder brindar a los alumnos otras
alternativas de trabajo para microemprendimientos.
Desde 1998, se incorporaron docentes,
algunos cursos para realizar la tarea de orientación
productiva, y se brindó capacitación en temas
relacionados con el mundo del trabajo, como entrevistas de
trabajo y elaboración de presupuestos, entre otros.
Resulta fundamental que la capacitación
culmine con la posibilidad de presentar los microemprendimientos
para su posible financiación.
“Está resultando
una experiencia muy interesante y es muy bueno ver como la
gente con la pequeña ayuda que se les puede dar para
comenzar o avanzar con su pequeño emprendimiento, se
comprometen y se desarrollan cada vez más”,
cuenta Quichi Martín, coordinadora
del área Trabajo de Cáritas.
Hoy, son 16 mujeres y 4 hombres de distintos
barrios de la diócesis los que están pudiendo
desarrollar su oficio no solo gracias al crédito, sino
fundamentalmente por la confianza y la contención recibida.
Las voces de los protagonistas
Cuando comencé
a trabajar tenía solo dos retazos de tela y me animé
a hacer dos pantaloncitos. Los vendí y así en
el barrio se empezó a conocer mi trabajo y pude comprar
más tela y seguir.
Gracias al crédito me pude comprar una máquina
de coser industrial y me permite trabajar mucho mejor. Así
también puedo estar a disposición de la gente
del barrio, cuando necesitan un arreglo, alguna ropa, etc
y así voy para adelante con mi trabajo.”
cuenta Norma.
Patricia, Noemí y Griselda
de Boulogne: “después
de hacer el curso de costura, armamos un microemprendimiento
juntas para hacer mantas para caballos. Con el dinero del
crédito pudimos comprar una máquina para cortar
e insumos para comenzar a trabajar.
Como el rubro no es fácil, cuesta meterse, pero confiamos
que de a poco se vayan conociendo, estamos muy entusiasmadas”
“Hice el curso de instalación
domiciliaria de gas en la Parroquia Santa María de
Boulogne. De ahí me invitaron a participar del curso
de microemprendimientos. Fue una experiencia muy buena que
me dio herramientas para organizarme mejor y aprovechar los
recursos con los que contaba.
Gracias al crédito compré herramientas y un
celular para que los nuevos clientes me ubiquen. Cuando te
conocen en una casa y te tienen confianza, quieren que puedas
solucionarles todos los problemas, por eso también
me seguí capacitando en plomería y electricidad.
Esa confianza que depositan en vos hace que te estimule cada
día a superarte un poco más, te incentiva a
cumplir con la tarea que te confían.” dice
Marco.

Feria de artesanos
de Cáritas Comodoro Rivadavia
Frente a la crítica situación
de desempleo de los últimos años, numerosas
familias de la comunidad buscaron distintas alternativas para
la subsistencia, entre ellas la producción de artesanías
para su posterior venta. Desde el 2002 se despertó
un nuevo desafío para la diocesana: pasar de la asistencia
a la promoción humana. En este sentido, para facilitar
la inserción de los productos al mercado, impulsaron
la primer feria de artesanías.
Esta feria resultó muy positiva,
generando la posibilidad de realizarla los años subsiguientes
como una posibilidad de abrir nuevas fuentes de ingreso. "Además
de los productos que se ofrecieron, los asistentes pudieron
disfrutar de espectáculos artísticos. Fue un
éxito y los expositores solicitaron que se realizaran
otras ferias. Desde el área de Trabajo se organizó
la segunda y, ante la insistente demanda, se invitó
a los feriantes a que participaran de su organización".
Así, se gestionó un espacio
donde se pudieran exponer y comercializar lo que cada uno
"sabe hacer": artesanías, tejidos, pinturas
en tela o madera, dulces, pan casero, milanesas de soja, empanadas,
tortas, alfajores, chocolates, bijouterie, velas, jabones
artesanales, cestería, muñecos country, etc.
Actualmente, la feria se realiza un fin
de semana por mes y participan alrededor de 100 expositores,
quienes llevan los productos que realizan con sus manos. Entre
sus objetivos principales, se encuentra el de "favorecer
el desarrollo de capacidades personales y de gestión
que posibiliten la consolidación de emprendimientos
personales y/o familiares y promover instancias de organización
tendientes a fortalecer lazos de solidaridad y ayuda mutua".

Cáritas
Buenos Aires
Centro solidario San José, un lugar para la dignidad
En Buenos Aires se hace cada vez más
cotidiano ver a hombres y mujeres, niños y ancianos
rescatando alimentos de la basura, recolectando cartón
hasta altas horas de la noche o buscando un lugar para dormir
en las plazas y autopistas. Como signo de acompañamiento
y compromiso ante esta realidad de pobreza, Cáritas
Buenos Aires inauguró el Centro Solidario San José.
"Es un Lugar de encuentro con Dios
y con los hombres; es Casa de la esperanza, del trabajo y
del estudio; es un Espacio para la cultura, la fraternidad
y la dignidad, contribuyendo y fortaleciendo el tejido social
de nuestra patria". describe el P. Carlos Accaputo, vicepresidente
de esta diocesana.
El Centro "es también la
manifestación del amor y la preocupación de
mucha gente, que de distinta manera, aportando bienes, talentos
y tiempo, hicieron posible esta realidad, especialmente Cáritas
Nacional, Cáritas España y la empresa Gillette
Argentina" destaca el P. Carlos. "Constituye un
hito importante en nuestro andar y la constatación
de estar recorriendo el camino que nos propusimos hace unos
años, plasmado en el proyecto de Cáritas Buenos
Aires y que llamamos Identidad, Conversión y Compromiso"
continuó.
Programa Tercer día
Este nombre tan significativo desde la pasión de Jesús,
da cuenta de la intención del programa de rehabilitación
en adicciones a las drogas, el alcohol, el sexo y el juego,
que se lleva adelante en el Centro Solidario. "Tercer
día es una asociación sin fines de lucro, que
existe desde hace varios años y fuimos invitados a
trabajar en este lugar. Nosotros trabajamos en red, con alcohólicos
anónimos y narcóticos anónimos, entre
otras asociaciones", explica el P. Fernando Cervera.
Este programa está destinado a
personas de ambos sexos que se acercan voluntariamente. El
equipo de profesionales es multidisciplinario y cuenta con
médicos, psicólogos y asistentes sociales, entre
otros. El tratamiento es ambulatorio y de ser necesaria una
internación se realiza una derivación a un centro
especializado. "Profesionalmente es un gran desafío.
Es un programa totalmente gratuito, en el que no existe ningún
tipo de presión para continuar. Si la persona no quiere
o no está dispuesta, se va. Es ambulatorio y no hay
internación. Creemos que este método es efectivo,
y aunque a veces no se reconozca, está probado que
es el que más dura en el tiempo".
Hogar San Francisco de Asís
El objetivo principal del Hogar es que, quienes asisten, pueden
recuperar su salud, una buena alimentación y, sobre
todo, la posibilidad de reestablecer sus vínculos sociales
y familiares. Con capacidad para hospedar a 120 hombres que
viven en la calle, se propicia un espacio con horarios establecidos
y tareas compartidas. Por grupos realizan la limpieza y cuidado
de los lugares y todos los días se levantan temprano
y desayunan juntos.
Proyecto Pan de Vida
El jefe de cocina, Miguel, junto a un grupo de 16 personas,
en su mayoría jóvenes, amasan por día,
entre otros muchos productos, 250 kilos de pan.
"Lo que más me gusta es que
encuentro gente que se dedica a la gastronomía por
vocación. A veces en esta profesión trabajás
porque es lo único que conseguiste o porque se dio
así. Pero lo lindo es cuando podés hacer lo
que te gusta".
Los productos se distribuyen en todos
los hogares de Cáritas Buenos Aires, aunque el desafío
es también abrir un local de venta directa para que
la comunidad pueda entrar en contacto con las actividades
del centro.
"Acá no sólo se tiene
una formación práctica, también hay clases
teóricas sobre gastronomía y elementos de marketing
y microemprendimientos. Hay personas que ya están pensando
en poner su propio negocio. Bueno hay que enseñarle
a que pueda sacar un costo, a poner un precio que vaya con
su barrio y con lo que ella puede ofrecer.", cuenta Miguel.
La capacitación se traduce en
alternativas de trabajo. Por eso, en el proyecto Pan de vida,
siguen pensando nuevas maneras para que más personas
tengan acceso a estas posibilidades. Con entusiasmo, Miguel
comparte una noticia nueva: "Hace poco obtuvimos del
gobierno de la ciudad el reconocimiento como Centro de Capacitación
y Formación Profesional. Eso nos permite ampliar los
cursos a más personas".

Cáritas
Tucumán
Trabajo en comunidad por la integración de todos
En la localidad de Alderete, a 7 km de
la ciudad de San Miguel de Tucumán, Cáritas
sostiene el Taller La Sagrada Familia, al que concurren 90
personas entre niños, jóvenes y adultos con
necesidades especiales. Voluntarios, profesionales, la comunidad
parroquial, el colegio vecino, suman sus esfuerzos para que
la realidad de abandono y postergación que sufren mucho
de ellos, sea transformada desde la integración.
La propuesta surge de la necesidad social
que había en la zona. Un censo que se realizó
en 1995, detectó muchas personas, niños, adultos,
jóvenes con necesidades especiales. A partir de la
catequesis se vio la necesidad de realizar otras tareas para
la estimulación y capacitación laboral de quienes
participan.
Con los bebés y niños hasta los 6 años
de edad se desarrollan actividades para mejorar la sensopercepción
y la socialización. También se cuenta con un
Taller de escolarización para aquellos niños
de 6 a 12 años. Muchos de ellos reciben asistencia
en el comedor, integrando desde allí la red arquidiocesana.
Los jóvenes y adultos se capacitan laboralmente en
distintos talleres de costura, confección de bolsas
de residuos, trabajo de huerta, panadería. También
se brindan materias especiales, como educación física,
catequesis sacramental, música, entre otras.
Recientemente, en el marco de la Colecta Anual expusieron
los productos que realizan, en la plaza principal de Tucumán.
La parroquia apoya este taller
a través de donaciones, y una tarea intensa de integración
en la que los participantes de La Sagrada Familia, se sienten
miembros activos de su comunidad, ayudan en la liturgia, en
la Colecta de Cáritas, y están participando
de los proyectos concretos para la generación de recursos.
Los proyectos que están actualmente en funcionamiento
son uno con el nombre de "Producción
de bolsas" y otro de panadería,
llamado "Producción
de Pan y Trabajo".


|