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Reflexión
de Mons. Fernando María Bargalló,
presidente de Cáritas Argentina
Una vida digna supone
mucho más que sobrevivir
Deseo expresar mi solidaridad con
aquellos hombres y mujeres de nuestros barrios que, aún
padeciendo situaciones de pobreza y exclusión, se esfuerzan
día a día en la búsqueda de oportunidades
que les posibiliten el acceso a una vida digna. Muchos de
ellos, son jóvenes y adultos que, a pesar de sus saberes,
oficios y ganas de salir adelante, a menudo les queda, únicamente,
la ardua y fortuita posibilidad de encontrar una changa, obtener
un trabajo temporario o acceder a un plan social o a un subsidio
Esta realidad me lleva
a pensar que en algunos sectores de nuestra sociedad aún
nos falta tomar conciencia sobre lo que significa la dignidad
de las personas. A veces, pareciera que con tener esa "changuita"
o un plan asistencial, y alimentarse en un comedor comunitario
alcanza para dejar de ser excluido o excluida. Pero sabemos
que la posibilidad real de desarrollo de estos hermanos y
hermanas nuestras sigue siendo lejana. Creo que nos falta
mucho por andar, y mirando hacia adelante, siento que es deber
y derecho de cada uno el asumir una práctica responsable
de nuestra ciudadanía, para que el proyecto de erradicar
la pobreza y posibilitar la vida digna y el crecimiento de
todos, no sea solamente un buen propósito sino un camino
posible, verdadero y sustentable.
Por otra parte, pienso
también en el momento histórico que atravesamos
como país, y me preocupa cómo esta realidad
de pobreza y falta de oportunidades convive junto al mejoramiento
de los índices macroeconómicos. Veo que la brecha
entre quienes tienen en abundancia y quienes carecen de lo
necesario sigue siendo muy grande, y me pregunto cómo
se están distribuyendo las riquezas en el país.
Es por eso, amigos y
amigas, que los invito a aprovechar la posibilidad que la
democracia sabiamente nos ofrece para reflexionar juntos sobre
la marcha de nuestras acciones y preguntarnos nuevamente qué
sociedad queremos ser.
Desde Cáritas,
y como Iglesia, asumimos esta tarea, creyendo en la ayuda
de Dios, en el compromiso perseverante de todos y de cada
uno y, de manera especial, en el protagonismo de los mismos
pobres en los espacios de participación y decisión,
ya que el ejercicio de la ciudadanía es también
un sinónimo de inclusión social.
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