Educación para la igualdad social

En marzo “comienzan las clases”. Aunque esta afirmación abarca a la mayoría de los niños del país, las marcadas realidades de pobreza que se dan en extensos sectores sociales tienen su correlato en la desigualdad de oportunidades de los niños y jóvenes escolarizados.

Según el INDEC, en el territorio del país habitan 13,1 millones de niños/as en­tre 0 y 17 años, de los cuales, en 2018, el 46,8% de ellos (de entre 0 y 14 años) residía en hogares pobres en términos de ingre­sos y 10,9% en situación de indigencia.

La pobreza trae aparejados muchos problemas que dificultan el desempeño educativo. Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi un 30% viven en hogares que no logran satisfacer necesidades alimentarias, un 23,4% vive en situaciones de hacinamiento que complican la capacidad de realizar las tareas escolares, el 47,7% no tiene acceso a internet en sus viviendas y un 15,5%  de niños/as y adolescentes entre los 5 y 17 años de entorno urbano realiza algún tipo de trabajo. La equidad es, entonces, una asignatura pendiente.

Para dar respuesta a estos desafíos es necesario desarrollar propuestas flexibles y creativas. Cáritas Argentina, que está presente y trabaja junto a las comunidades más pobres del país, conoce muy bien estas realidades y ha desarrollado, desde hace más de una década, el Plan de Inclusión Educativa Emaús, como complemento de la educación formal brindada por el Estado.

El Plan Emaús es una propuesta que ofrece distintos “componentes”, que articulan las experiencias comunitarias con el sistema educativo formal en sus diferentes niveles, con el fin de promover la inclusión educativa. Sus principales componentes son:

A- Espacios educativos. Son centros comunitarios bien equipados, que van acompañando a los niños y jóvenes en sus procesos educativos: ofrecen apoyo escolar, espacios para deportes y recreación, talleres de formación y de expresión artística, meriendas, etc. En la actualidad hay 184 espacios educativos en 42 diócesis y en ellos participan un total de 12.536 asistentes.

B- Becas familiares. Es un apoyo económico concreto otorgado a familias vulnerables para promover la perseverancia de los niños y adolescentes en las escuelas y evitar su deserción. Actualmente, se acompañan a 1.196 menores: el 5,30% asiste a nivel inicial, el 54,24% a nivel primario y el 40,46% al  secundario.

C- Becas terciarias y universitarias. Se otorgan a jóvenes que quieran comenzar o continuar sus estudios. Como contrapartida se comprometen a colaborar en los espacios educativos brindando apoyo escolar, coordinando talleres o animando espacios deportivos. El Plan Emaús acompaña a 913 becados, el 60.31% de los cuales cursa carreras terciarias y el 39.69% cursa estudios universitarios.

Es importante destacar que la mayoría de estos jóvenes son la primera generación que logra acceder –en su familia y / o en su comunidad- a estudios y títulos de nivel superior, rompiendo así el círculo de pobreza del entorno en el que crecieron.

D- Mochileros. Son jóvenes que generan espacios de desarrollo y expresión para niños y adolescentes en sectores muy vulnerables de sus comunidades. Reciben este nombre porque sus materiales de animación (libros, juegos, lápices y pinturas, etc.) son transportados de un lugar a otro, precisamente, en una mochila. Esta propuesta no sólo genera un espacio de comunicación, recreación y aprendizaje para los más chicos, sino que también se contribuye a la formación y crecimiento personal de los jóvenes que la llevan adelante.

E- Meriendas Reforzadas. Se ofrecen en los espacios educativos con la función de complementar las actividades y talleres que allí se desarrollan. Se denominan meriendas reforzadas porque ofrecen raciones capaces de suplir una cena, muchas veces ausente entre las familias más postergadas.

Estas son algunas de las propuestas de Cáritas para animar la educación no formal y estimular la permanencia en el sistema educativo formal, dirigidas a familias que viven situaciones de adversidad social y carencia de recursos.

Sabemos por experiencia que la inclusión y la equidad son posibles, en gran medida, por la calidad de la educación que reciban nuestros hijos. Por eso, en este nuevo comienzo lectivo, renovamos nuestros esfuerzos y compromiso para que todos los niños tengan las oportunidades que se merecen.