Campaña solidaria de Navidad

 

Durante diciembre Cáritas llevará adelante la campaña para

continuar la ayuda que se brinda a los más afectados por la pandemia.

 

Al acercarse las fiestas de fin de año, y en un contexto particularmente difícil por la emergencia sanitaria que atravesamos, Cáritas Argentina llevará adelante su tradicional Campaña Solidaria de Navidad. La iniciativa este año estará animada por el lema “En Navidad tu generosidad es esperanza”, invitando personalmente a cada uno de nosotros a mantener viva la esperanza de tantas familias afectadas por la pandemia y que hoy dependen de nuestra ayuda solidaria.

 

Al respecto, Mons. Carlos Tissera, Presidente de Cáritas Argentina, reflexiona que “vivimos un momento muy crítico en la Argentina, a nivel social, económico y político. Venimos de una emergencia alimentaria y nos sobrevino una pandemia que todavía asola a la humanidad entera. Los índices de pobreza y de desocupación corroboran lo que vemos en nuestros barrios y ciudades; el nivel de desigualdad de nuestra sociedad es altísimo.  A ello se suma el dolor de la muerte de tantas y tantos hermanos argentinos contagiados. Vivimos un duelo con todas las letras y de un duelo se sale mejor o peor, nunca igual”.

 

El trabajo de Cáritas

 

No obstante, Mons. Tissera sostiene que “la pandemia, con sus consecuencias tan dolorosas, ha sido también la ocasión para que estrechemos lazos de cooperación y coordinación con otras organizaciones de asistencia y promoción. El aporte solidario de la sociedad y el trabajo admirable de los voluntarios, son los nervios vitales con los que se sostienen los servicios más variados que Cáritas brinda desde los centros urbanos hasta los parajes más remotos del país”.

 

El Obispo explica que, desde el comienzo de la emergencia, Cáritas profundizó su trabajo en torno a tres ejes estratégicos: la alimentación, los cuidados sanitarios y los ingresos familiares, con el fin de proteger y contener a los sectores más expuestos de nuestra sociedad. La ayuda distribuida en todo el país ha sido cuantitativamente enorme, pero la magnitud de la crisis requiere sostener el esfuerzo que se está llevando adelante.

 

En tal sentido, Tissera destaca que “la situación crítica que ya vivíamos en los últimos años, signados por una creciente emergencia alimentaria, se agravó con la pandemia. Lo constatamos en el creciente número de personas que acuden a los comedores, ollas populares y merenderos del país. A principio de año se asistía a 1.200.000 personas y en la actualidad ese número ha subido a 2.500.000 de beneficiarios”.

 

“Cáritas sigue alentando el trabajo, la organización comunitaria, el sostenimiento y la reconstrucción de la esperanza, para los más pobres, desde acciones concretas y con cercanía hacia ellos. Las riquezas que se necesitan no son sólo monetarias, muy importantes, por cierto. La gran riqueza está en el ser humano. Se trata de fortalecer los vínculos entre los seres humanos; se trata de construir la unidad en la sociedad”, concluye Tissera.

Para colaborar en esta Navidad

 

La Campaña Solidaria de Navidad se realizará entre el 7 y el 27 de diciembre y se puede colaborar de muchas maneras:

Con tarjeta de crédito, débito, CBU, pagomiscuentas o Mercado Pago en

https://www.caritas.org.ar

 

También a través de las cuentas bancarias de Cáritas:

 

Cuenta Corriente Banco Nación Nº 38632/92

Sucursal Plaza de Mayo 0085
CBU 0110599520000038632921 – A nombre de: Cáritas Argentina

CUIT 30-51731290-4.

Alias: DONA.CARITAS.NAC


Cuenta Corriente Banco ICBC Nº 0546-02000042/42

Sucursal Casa Central 0546
CBU 0150546702000000042422 – A nombre de: Cáritas Argentina

CUIT 30-51731290-4.

Alias: DONA.CARITAS.ARG

 Y en todas las sucursales del país de Rapipago y Pago Fácil

Seminario organizado por Cáritas

 

Consensos y claves para un Desarrollo Humano Integral en el país.

 

Con la participación virtual de más de 200 personas, el pasado miércoles 11 de noviembre tuvo lugar la primera jornada del seminario “Hacia una Argentina con Desarrollo Humano Integral. Tierra, Techo y Trabajo en la perspectiva de la fraternidad y la amistad social”. La iniciativa está organizada por Cáritas Argentina, la Comisión Nacional de Justicia y Paz y la Universidad  Católica Argentina (UCA). La apertura estuvo a cargo del doctor Miguel Ángel Schiavone, rector de la UCA, de monseñor Carlos Tissera, presidente de Cáritas Argentina y del ingeniero Emilio Inzaurraga, presidente de la Comisión de Justicia y Paz.

A continuación y en el marco de “El diálogo como camino de construcción de la fraternidad y la amistad social”, monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, recordó que “varias veces, el Papa, expresó que después de la pandemia no podíamos volver a la normalidad. ¿Qué normalidad sería la de encontrarnos en un mundo que ha profundizado su inequidad haciendo reaparecer con más fuerza otras pandemias como las del hambre y la desocupación?”.

Seguidamente, se preguntó: “¿Qué modo tenemos nosotros de conjugar la diferencia en un mundo donde ya no se debaten ideas, en el debate político, por ejemplo, sino que se intenta destruir al adversario?” y propuso, ante esta situación, que “hay que buscar un profundo cambio basado en la cultura del encuentro, que necesita apoyarse en un consenso, una base común, que debe estar afirmado en valores”. Por último, Ojea destacó que “el pacto social debe ser cultural, y el acuerdo debe apoyarse culturalmente en el pueblo, en lo que éste va elaborando a través de sus relaciones, no debe ser un acuerdo de una élite de economistas o académicos, sino los acuerdos no tienen futuro”, advirtiendo que “la paz es trabajosa, la paz es artesanal y de alguna manera la falsa tolerancia tiene que abrir paso a un realismo dialoguista”.

A su vez, Guillermo Fernández, presidente de ACIERA Social; Ariel Eichbaum, presidente de AMIA; Aníbal Bachir Bakir, presidente de CIRA; Jorge Knoblovits, presidente de DAIA y Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, Presidencia de la Nación y  Miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, también expresaron su mirada sobre el diálogo como único camino de construcción de la fraternidad y la amistad social.

Tierra, Techo y Trabajo

Posteriormente, monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario episcopal para la Pastoral de Villas disertó sobre “Tierra, Techo y Trabajo en la perspectiva de una ecología integral”. Luego de referirse a los números actuales de la pobreza, aseguró que para alcanzar la amistad social en nuestro país "resulta imprescindible superar la distancia con los últimos, con los más pobres” y opinó que “esta grieta es más profunda que las políticas o ideológicas”, porque estas últimas pueden cambiar.

El primer paso, afirmó Carrara, es “sostener la escucha atenta de los más pequeños y pobres, de los más rotos, de los últimos”, rescatando palabras del Papa Francisco para avanzar en este camino:  “Dialogar no es negociar. Sino que es buscar el bien común para todos, discutir y buscar soluciones. En el diálogo tiene lugar el conflicto y no debemos tenerle miedo, sino aceptarlo y poder transformarlo en eslabón de un nuevo proceso. El mejor modo es construir juntos y hacer proyectos, no sólo entre los católicos sino en todos los que tienen buena voluntad. Sin diálogo no es posible comprender las posiciones del otro”.

Más adelante, el obispo enfatizó que “la tierra es nuestra casa común, por eso toda familia tiene derecho a un pedazo de tierra. Dios quiere la felicidad de sus hijos, también en esta tierra”. En consecuencia, “tierra, techo y trabajo para el desarrollo de una Argentina integral, tienen que ver con crear puestos de trabajo, poblar la patria con nuevos pueblos jóvenes, integrar ciudades con acceso al pueblo y a la vivienda social, conectar territorio con una red nacional de transporte, reactivar la producción ciudadano la casa común, etcétera”, sintetizó. 

Diagnósticos y propuestas

A continuación, con la introducción de Ana Lourdes Suárez tuvo lugar el panel “Diagnóstico de los problemas del desarrollo social y territorial argentino”, en el que expusieron Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina y los investigadores Guillermo Neiman y Lucas González. Finalizando esta primera jornada del Seminario, se presentó el espacio de “Propuestas para el desarrollo social y territorial argentino: Tierra, Techo y Trabajo”, estructurado en tres mesas temáticas paralelas, que fueron presentadas por Juan Cruz Hermida: Trabajo y empleabilidad; Vivienda, hábitat e integración sociourbana y Tierra y producción agraria sustentable e inclusiva.  

 

-Mesa 1: Trabajo y empleabilidad

Luego de la introducción por parte de Eduardo Lépore, expusieron Laura Giménez, Guillermo Zucotti, Paula Abal Medina, Franca Venturi, Ernesto Tocker, Pablo Topet y Guillermo Pérez Sosto.

 

Entre los puntos más relevantes se destacó la centralidad del trabajo como articulador de la vida económica y social y garante de la paz social y la necesidad de lograr acuerdos entre los sectores de la producción y del trabajo, para delinear y establecer políticas de largo plazo que promuevan las fuentes de trabajo y la generación de empleos de calidad. Asimismo, se consideró prioritaria la implementación de una estrategia de formalización de la economía informal y popular.

 

En este sentido, se puntualizó en particular: la asistencia técnica, financiera y tecnológica para la mejora de la productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas y de los sectores económicos informales y de la economía popular; la formación para el trabajo y el fortalecimiento de los servicios de empleo y de protección ante el desempleo; el impulso a la organización y representación colectiva de los sectores informales y de la economía popular; la regulación del trabajo autogestionado y de su cobertura por parte de la seguridad social; el reordenamiento de las políticas públicas, realzando el rol del ministerio de trabajo nacional y de las administraciones locales del trabajo.

 

-Mesa 2: Vivienda, hábitat e integración sociourbana

Contó con la introducción de Horacio Cristiani (Cáritas Argentina) y participaron Fernanda Miño, Ana Pastor, Nicolás Caropresi, Araceli Ledesma, Diego Fonseca, Alejandro Amor y Andrea Poretti.  En la sesión se puntualizó sobre el rol de las organizaciones y de las parroquias ante las desigualdades y se remarcó la importancia de la integración social urbana de los barrios. Asimismo, se habló del acceso justo al hábitat y del problema que se vio agudizado en la pandemia, que no es solo de los sectores populares, sino que también hay personas con trabajos bien pagos que tampoco acceden a la vivienda propia.

 

Por otro lado, se habló de la pandemia como aceleradora de procesos de exclusión: la exclusión del trabajo, de los servicios y de la vivienda es algo que se repite a nivel mundial para un cuarto de la sociedad en la que vivimos, no solo en Argentina. Se remarcó que el acceso a la vivienda digna y adecuada no solo es un derecho, sino una parte que compone un todo. Al respecto, la arquitecta Andrea Poretti, Coordinadora del área de Vivienda de Cáritas Argentina explicó que “teniendo en cuenta su vasta capilaridad territorial, Cáritas ha desarrollado a lo largo de casi dos décadas distintos proyectos de vivienda que han ido evolucionado en esta dirección”. De esta manera, “la vivienda no es solo la materialidad a través de ladrillos y las óptimas condiciones de habitabilidad, sino un conjunto social que va de la mano a lo largo de todo el proceso constructivo”, añadió.

 

“Cáritas ha fundamentalmente propiciado los proyectos de Autoconstrucción Asistida por equipos técnicos multidisciplinarios”, expresó Poretti, subrayando que la organización “actúa como un cuerpo único y articulado entre quienes gozarán de la vivienda y quienes trabajan con abnegación por acompañar estos procesos que nunca son lineales. Son los actores que forman un todo, desde los Equipos de Cáritas en sus distintos niveles, las familias participantes y el Estado Nacional que financia los proyectos”, describió.

-Mesa 3: Tierra y producción agraria sustentable e inclusiva

Coordinada por Carlos Vigil, este espacio reflejó el complejo y pluriforme universo de la ruralidad en el país. Expusieron Susana Mirassuo, Dardo Chiesa, Eduardo Cerdá, Carlos Achetoni, Adriana Arnaldo, José Luis Castillo y Juan Manuel Rossi.  Cada panelista aportó su visión y experiencia destacando la necesidad de diálogo dentro del sector y con todos los actores de la sociedad, celebrando la realización de espacios como este Seminario. En varias intervenciones se señalaron los cambios que se vienen dando en el mundo rural, varios de ellos negativos - desaparición de productores medianos y chicos, concentración de la tierra, migraciones, agresiones ambientales - pero también se destacaron aspectos positivos que buscan desarrollar potencialidades para acrecentar su aporte y corregir errores. 

En tal sentido, se planteó que existen conocimientos y experiencias en sistemas de producción social y ambientalmente sustentables, que muchos productores ya incorporaron o están dispuestos a hacerlo, por lo menos gradualmente y que es necesario apoyar las experiencias agroecológicas actuales y propiciar nuevas (la Argentina es el primer país de América Latina que tiene una Dirección Nacional en la materia). Por otra parte, se consideró fundamental difundir buenas prácticas, investigar nuevas modalidades y controlar los abusos, ya que hay leyes que no se cumplen, sus disposiciones están demoradas (por ejemplo, la ley de agricultura familiar) o vacíos legales que es imperioso cubrir. Por último, se enfatizó en la importancia de comprender que el “suelo” es un ser vivo; si se mata se destruye toda posibilidad de producción, alertando sobre exponencial crecimiento de aplicación de agroquímicos.

La segunda y última jornada tendrá lugar el próximo miércoles 25 de noviembre.

Para inscribirse y descargar el programa, clic aquí

Cáritas en tiempos de Covid

Los voluntarios también son Esenciales

 

Testimonios en primera persona de quienes no dudaron en ponerle

el cuerpo a la pandemia.

A medida que la pandemia se extendía y, con ella, el riesgo de contagio, comenzamos a vivir la experiencia inédita de aislarnos socialmente y refugiarnos en nuestros hogares, evitando todo contacto posible con el exterior. “Yo me quedo en casa” dejó de ser un slogan para convertirse en una drástica decisión personal. Con el correr de los días, la crisis se fue agudizando dramáticamente. ¿Cómo seguir, desde Cáritas, acercando la ayuda a los barrios más castigados por el aislamiento obligatorio?

La misión no podía detenerse, al contrario, la exigencia era cada vez mayor y más urgente. Fue necesario adaptar el servicio a la nueva realidad, para continuar trabajando junto a las comunidades más postergadas, sin poner en riesgo la salud de nuestros voluntarios ni la de las familias. Así, a la par de los trabajadores esenciales, fue surgiendo otro grupo numeroso y también necesario: los “voluntarios esenciales”. En estas líneas vamos a conocer de qué manera asumieron el desafío de llevar alivio allí donde más se necesitaba y qué aprendizajes cosechan, luego de estos intensos meses de labor.

Cáritas Mar del Plata (Región Platense)

“Lo primero que la pandemia puso sobre la mesa fue la desigualdad que existe en nuestro país, la falta de derechos para muchos”, afirma Mónica Aguerrido, vicedirectora de Cáritas Diocesana Mar del Plata. Para zanjar el aislamiento obligatorio, potenciaron la comunicación virtual: “comenzamos a tener un contacto muy directo con los referentes de cada zona, para saber cómo estaban las parroquias y cuáles eran las necesidades; hicimos encuentros virtuales con los voluntarios y vimos la necesidad de escucha y diálogo que tenían”, describe.

La nueva experiencia llegó para quedarse porque “seguimos trabajando de esa manera y ya no lo concebimos desde otro lugar, el equipo de fortalecimiento ahora se reúne virtualmente todas las semanas y así venimos caminando, viendo cuál es la realidad que tiene cada parroquia y cómo acompañarlas”, afirma. En este sentido, Mónica destaca la voluntad de servicio de muchas personas que se sumaron a colaborar y, de manera especial, valora “la participación de muchos sacerdotes que, en tiempos muy complicados, se pusieron las Cáritas Parroquiales al hombro”, además de la articulación lograda “con diferentes actores a nivel municipal, provincial y nacional y el trabajo y la compañía de Cáritas Argentina”.

La pandemia obligó a muchos voluntarios y voluntarias a permanecer en sus hogares por tratarse de población de riesgo, tanto sea por su edad o por algún problema de salud. Esto impactó en los equipos parroquiales que, en cuestión de días, vieron reducida su capacidad de trabajo mientras crecía la demanda de ayuda. “Tuvimos que rearmar los grupos de trabajo presencial y establecimos las ‘burbujas’ de prevención para cuidarnos mejor”, describe Norma Belmonte, quien tiene 63 años y desde hace 10 es voluntaria de Cáritas Parroquial San José de la ciudad de Balcarce, en la diócesis de Mar del Plata. 

“Si bien la pandemia nos trajo el aislamiento”, reflexiona, “eso no paralizó nuestro deseo de servir; la Cáritas se reinventó, ya que las necesidades eran muchas y diversas. Una vez acordados los protocolos de trabajo “nos entregamos al nuevo desafío con entusiasmo renovado y el mismo amor y compromiso”. Junto a otros cinco voluntarios, Norma fue asignada a colaborar en el Roperito, donde recibían y ordenaban las donaciones que ingresaban y atendían a los hermanos que se acercaban con alguna necesidad.

Preservar a los voluntarios mayores generó, en la mayoría de los equipos parroquiales, la necesidad urgente de sumar nuevas manos para no discontinuar la intensa tarea. Sin embargo, de esta supuesta dificultad también se están cosechando frutos positivos: “fue fundamental para ensamblar y estrechar el vínculo entre el voluntariado joven y quienes llevan más tiempo haciendo su tarea en Cáritas”, asegura Betina Balderrama, que tiene 30 años y hace 4 colabora en Cáritas Parroquial San José de Balcarce.

“Se acortó la brecha generacional entre nuestras señoras que atienden el Roperito y  visitan a las familias y los jóvenes que andamos más en la calle, llevamos y traemos cosas, compartimos en las redes sociales o hacemos un trabajo tal vez más virtual”, agrega. “Creo que nos vino muy bien para estrechar este vínculo y sentirnos fortalecidos; lamentablemente, tuvo que existir esto para que pasara, pero igualmente es muy valioso”.

Cáritas Gualeguaychú (Región Litoral)

Marta Vizcaldi y Rocío Méndez son voluntarias de Cáritas Parroquial San Roque de la ciudad de Victoria, Entre Ríos. Como tantos miles de adultos y jóvenes en todo el país, viven su servicio con alegría y podríamos asegurar que llevan en la sangre el mismo compromiso hacia el hermano necesitado... porque son abuela y nieta. “Desde chica supe lo que es Cáritas, ya que mi abuela se encuentra trabajando hace más de 30 años y siempre me inculcó y enseñó el valor de ayudar a los demás”, explica Rocío.

“Vivimos una experiencia muy linda en la parroquia”, agrega Marta. “Se formó un grupo de voluntarios que vinieron a traer la fuerza de la juventud y las ganas de trabajar. Nos dieron una mano bárbara, trabajaron a la par de nosotros, se organizaron para realizar comidas solidarias, meriendas, visitar hogares, preparar los bolsos con mercadería”, describe. “Nosotras los esperábamos con la merienda, porque queríamos que encontraran en Cáritas un lugar de pertenencia, que se sintieran como en su casa”.

“Nos reuníamos dos o tres veces en la semana”, explica Rocío “y al finalizar la actividad de cada día, las abuelas de Cáritas nos recibían con la merienda lista para mimarnos. Organizamos el grupo de voluntariado en conjunto con Basílica Aranzazú para poder desarrollar distintas actividades como entrega de mercadería, artículos de limpieza, ropa, frazadas y acolchados que nosotros mismos confeccionamos y luego acercamos a las familias de la ciudad y de zonas rurales, siempre respetando los protocolos de cuidado”, añade.

Desde hacía tiempo, Cáritas Gualeguaychú venía alentando la idea de crear un área joven, sin imaginar el desafío que llegaría en 2020. “Sentamos las bases y vimos la necesidad de tener grupos de jóvenes de Cáritas en cada zona pastoral de la diócesis”, explica Analía Melgarejo, directora diocesana. “Motivados por la convocatoria de Cáritas Argentina para la Red de Voluntariado Joven y observando que muchas voluntarias debían quedarse en sus casas a raíz de la pandemia, nuestro obispo, Mons. Héctor Zordan y la Pastoral de Jóvenes de la diócesis hicieron una convocatoria”. El resultado fue muy positivo y lograron convocar a más de 70 jóvenes en las ciudades de Victoria, Gualeguay y Concepción del Uruguay.

“Ellos fueron los encargados de motivar y llevar adelante la Colecta Anual en las parroquias donde se integraron”, destaca Analía “y diversas acciones solidarias en plena pandemia. Con los fondos recibidos de Cáritas Argentina se compraron alimentos y elementos de higiene que ellos se encargaron de sanitizar y fraccionar, armaron bolsones con alimentos, ropa de abrigo, kits de higiene y limpieza. Además, llevaron adelante campañas radiales y jornadas solidarias para recaudar alimentos, calzados y abrigo”, agrega.

Balance positivo, a pesar de todo

Un viejo refrán afirma que “no hay mal que por bien no venga” y, tras 8 meses de pandemia, el saber popular se confirma en las conclusiones que fueron surgiendo a lo largo de la charla.

Mónica: “Lo positivo de esta pandemia fue que nuestra Cáritas se fortaleció desde la escucha y el diálogo”.

Norma: “Este tiempo nos integró fuertemente a esos otros compañeros que desde sus hogares rezaban con mucho amor. También nuestro Párroco acompañó desde su rol activo el trabajo, al igual que el cuidado y el respeto de aquellos que se acercaban a pedir ayuda. ¡Toda la comunidad se puso de pie!”.

Betina: “Como institución, como comunidad y como equipo de voluntarios, la pandemia no ha hecho más que fortalecernos, darnos nuevas herramientas. Creo que fue fundamental para ensamblar y estrechar el vínculo entre los jóvenes y los voluntarios que llevan más tiempo en Cáritas”.

Analía: “La integración con tanta diferencia de edades es un gran signo de esperanza. Deseamos que nuestros jóvenes voluntarios sigan regalando frescura a nuestras Cáritas Parroquiales y las voluntarias puedan transmitir con cariño y apertura su experiencia, sin pensar que nadie viene a ocupar su lugar, porque en Cáritas hay lugar para todos”.

Marta: “Muchos de los jóvenes hacía bastante tiempo que no iban a misa y hoy nos están ayudando con los guiones y las lecturas. Estamos muy contentos, les agradecemos y ojalá que sigan trabajando junto a nosotros”.

Rocío: “La verdad es que poder ayudar a los demás es una experiencia hermosa, una caricia al alma. Ojalá podamos seguir viviendo momentos como éstos”.

IV Jornada Mundial de los Pobres

"Tiende tu mano al pobre"

 

En esta nueva edición de la Jornada Mundial de los Pobres el

Papa Francisco nos invita al compromiso, para “volver a sentir

que nos necesitamos unos a otros”.

El 15 de noviembre celebramos con toda la Iglesia la IV Jornada Mundial de los Pobres, una fecha instituida por el Papa Francisco en 2016 para reflexionar sobre el tema de la pobreza que “está en el corazón del Evangelio”.

En su mensaje de este año, titulado “Tiende tu mano al pobre”, el Papa recuerda que “la comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros”. Y destaca: “no podemos sentirnos ´bien´ cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra".

En el contexto de la pandemia que afecta especialmente a los más vulnerables, Francisco afirma que “este momento que estamos viviendo ha puesto en crisis muchas certezas. Nos sentimos más pobres y débiles porque hemos experimentado el sentido del límite y la restricción de la libertad. La pérdida de trabajo, de los afectos más queridos y la falta de las relaciones interpersonales habituales han abierto de golpe horizontes que ya no estábamos acostumbrados a observar. Nuestras riquezas espirituales y materiales fueron puestas en tela de juicio y descubrimos que teníamos miedo".

Frente a esta situación -reflexiona- “redescubrimos la importancia de la sencillez y de mantener la mirada fija en lo esencial. Hemos madurado la exigencia de una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y estima mutua. Este es un tiempo favorable para volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo”. En este contexto, “`tiende la mano al pobre´ es una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino".

Nadie se salva solo

En nuestro país, la emergencia sanitaria puso al descubierto una gigantesca desigualdad social que se manifiesta de muchas maneras, desde la utopía de cumplir normas sanitarias donde faltan los servicios básicos, hasta la imposibilidad de subsistir sólo con empleos informales o changas ocasionales. Por si fuera poco, vemos con dolor que pequeños comerciantes, emprendedores y familias de barrios urbanos, por primera vez, tienen que salir a pedir ayuda o comida.

No somos economistas, somos Cáritas y detrás cada indicador de pobreza vemos rostros de personas, de niños, ancianos, madres, trabajadores o desvalidos. Vemos familias, como las nuestras o las de nuestros allegados, que verdaderamente están sufriendo física, psicológica y afectivamente. Personas como cada uno de nosotros, con sus sueños y anhelos, que la están pasando muy mal y que no vislumbran un horizonte de mejora.

No obstante, en estos tiempos de angustia, temor e incertidumbre hemos podido comprender como sociedad que nadie es una isla que se salva solo y que -por ese motivo- también todos tenemos alguna responsabilidad por nuestros hermanos. Al mismo tiempo, en el servicio a los más necesitados, hemos podido vivenciar que cuando trabajamos juntos por el bien común, más allá de nuestros puntos de vista o nuestras creencias, podemos concretar logros tan admirables como brindar ayuda alimentaria a más de 2.500.000 personas.

Cultivar una nueva fraternidad, solidaria, inclusiva, nos hace bien a todos: a quienes podamos ayudar, y a nosotros mismos. En ese sentido, enfatiza el Papa Francisco, “tender la mano es un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. Tender la mano hace descubrir, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida".

La solidaridad se expresa en el servicio

Precisamente, en estos días el Papa nos hizo llegar su nueva encíclica Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social. Allí destaca que el fundamento del orden social se encuentra en el valor en el valor intangible de la dignidad humana: “todo ser humano -explica- tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado… porque no se fundamenta en las circunstancias sino en el valor de su ser".

Por eso, Francisco afirma que la solidaridad debe orientarse hacia el desarrollo integral de las personas y hacia la promoción del bien común, que hace posible ese desarrollo. “La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas” explica.

Desde esta perspectiva de asumir la dignidad de cada persona, de construir juntos una nueva amistad social, de descubrir que podemos dar sentido a nuestra vida a través del servicio queremos, como Cáritas, hacer un llamado a quienes “estamos en una misma barca” para seguir trabajando juntos, unos en favor de otros.

Hacemos este llamado a todas las personas de buena voluntad, levantando la mirada más allá de las discusiones sobre teorías políticas o económicas, para centrar nuestra atención en las personas que más sufren, para darnos cuenta de que son muchas y asumir que entre todos tenemos el deber de darles urgente respuesta a sus necesidades más vitales.

De este modo, queremos llevar también la esperanza a tantos corazones cansados y abatidos porque, como dice el Papa Francisco “la esperanza es audaz y sabe mirar más allá”, “Nos habla de un anhelo de plenitud que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas muy grandes, como la bondad, la justicia y el amor, que hacen la vida más bella y digna”, concluye.