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Testimonios

  
Detrás de los rostros de cada campaña se esconden historias de vida de personas y comunidades que, con su trabajo y perseverancia, se esfuerzan cotidianamente por superar las dificultades. Conocé las historias de los protagonistas de la Colecta 2017.

 


 

 

Horno comunitario - Rafaela

A fines de los años 90, el padre Hugo Santiago, actual obispo de San Nicolás, llegó a Villa Podio (Rafaela). Frente a la capilla San Francisco de Asís, encontró un barrio  con muchas necesidades. Comenzó a trabajar con las familias y, con el esfuerzo de todos, se abrió un comedor comunitario al que asistían unos 400 niños.

Cuando la escuela comenzó a cubrir los almuerzos y meriendas de los chicos, el proyecto inicial se reconvirtió, con el objetivo de “reconstruir los vínculos familiares”, buscando que pudieran comer todos juntos en casa. Así se invitó a las familias a que fueran a la capilla a cocinar sus viandas para compartir la mesa el fin de semana.

A la vez, se promovieron los encuentros de oración mientras se cocinaba, para que las madres replicaran esa experiencia en familia, fomentando el diálogo y la integración. Fueron 10 años de profundo trabajo de promoción social, en los que se compartió la vida y se capacitó a las madres.

Llegaron así a la propuesta del horno comunitario, donde cada mamá recibe los insumos necesarios para elaborar y vender panes y pizzas. De esta manera, obtienen un ingreso y colaboran con el emprendimiento.

 

 

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Testimonios

 

Paola Seguro

Paola brinda sus servicios como voluntaria desde hace varios años. Es profesora de Ciencias de la Educación y trabaja en un colegio de Rafaela. Cuando era estudiante la invitaron a colaborar con Cáritas, brindando apoyo escolar para los más chicos. Actualmente es la directora de Cáritas parroquial Nuestra Señora de Fátima, de la que depende el horno de la capilla San Francisco de Asís.

En Cáritas palpamos la vida y crecemos juntas”

"El horno cumple la función primaria de elaboración de panes, pizzas o tortas. La propuesta es que la mamá, con los insumos que le damos desde la comunidad de Cáritas -porque es un aporte que hace la comunidad-, pueda elaborar y vender el pan y, con ese dinero, tener un ingreso para sus distintas necesidades".

"A la vez, el proyecto busca reconstruir los vínculos familiares. Entonces las mamás, en el momento que leuda la masa, comparten la Palabra de Dios, en un momento de diálogo, de reflexión y de crecimiento comunitario".

"Cada grupo tiene una coordinadora a cargo, con quien organizan el trabajo. Nosotros, desde Cáritas, les damos los insumos para los productos salados y cada mamá aporta algo de ella para elaborar lo dulce, tanto para la venta como para llevar a su casa".

"Cáritas es familia, es amor. Yo encontré acá una familia, encontré comunidad, encontré un crecimiento personal, un crecimiento con ellas, porque nosotras acá nos conocemos, conocemos la vida de cada una, palpamos la vida y crecemos juntas".

 

 

 

Diego Soltermann

Diego tiene 34 años y colabora en Cáritas de la Parroquia de Fátima desde hace tres. Participa como voluntario, compartiendo sus conocimientos, capacitando y coordinando algunas actividades del horno comunitario, siempre con la idea de “devolverle a la comunidad un poco de lo que recibí, por haber sido testigo del amor que tiene Dios por nosotros”.

“Que sean protagonistas de su propio desarrollo”

“Cuando empecé a colaborar en esta área pastoral, el horno comunitario no existía, funcionaba la cocina comunitaria en donde las mamás venían a cocinar lo que ellas iban a compartir en familia los fines de semana".

"Luego quisimos –en grupo- darle un giro al proyecto y ahí es donde nació el horno comunitario. Las personas se capacitan en técnicas de panificación y los distintos grupos vienen una vez a la semana para elaborar productos que pueden vender y así generar recursos que les permiten comprar los alimentos para su familia".

"En mi anterior trabajo estuve en un emprendimiento gastronómico y aquí puedo trasladar varios conocimientos a nivel profesional. Las mamás son jefas de familia y tienen la responsabilidad de alimentar más saludablemente a sus hijos. Por eso, fuimos capacitándolas en las diferentes técnicas de panificación y hoy logramos realmente que estén trabajando muy bien en forma independiente. Ellas toman sus propias decisiones, semana tras semana deciden qué elaborar y cómo venderlo".

"Personalmente, me voy siempre más renovado de lo que vengo. Los testimonios de cada madre, de los voluntarios, de las personas que trabajamos en Cáritas hacen que uno quiera siempre seguir apostando por más; por conseguir que las personas tengan un mejor futuro, que sean protagonistas de su propio desarrollo. Que ellas puedan llegar a tomar decisiones, totalmente conscientes de que esto es algo bueno para su futuro". 

 

 

 

Sara del Carmen Ledesma

Sara es madre de cinco hijos, viven juntos con su mamá y sus hermanos. Llegó al horno comunitario de la parroquia Nuestra Señora de Fátima a través de una amiga y hoy es la coordinadora de uno de los grupos de trabajo.

 

"El horno es un muy buen proyecto para la gente del barrio”

"Empecé como todas las mamás, en la cocina comunitaria donde hacíamos comida para llevar y  después se fue formando el horno comunitario. Ahora estamos panificando, haciendo pan, tortas y pre-pizzas. Yo estoy a cargo los lunes, soy coordinadora. En total son cinco grupos. Las mamás son buenas mamás, compañeras y trabajadoras todas". 

"Hacemos la elaboración y después salimos cada una a vender. La mayoría ya tenemos nuestros clientes, que son vecinos de distintos barrios. Yo vendo en distintos barrios: tengo compradores en Villa del Parque y en Fátima. Lo hago porque lo necesito; con eso alimento a mis hijos, les compro los útiles que necesitan en la escuela y  también vengo porque me gusta venir a ayudar".

"El horno es un muy buen proyecto para la gente del barrio que lo necesita. Pueden venir a hablar con la Directora y después se integra a esa mamá a algunos de los grupos que se reúnen cada día de la semana".

 

 

 

Carina Quinteros

Carina es mamá de 4 hijos. Concurre al horno comunitario los días martes. Llegó a través de un amigo, en momentos en que estaba sin empleo. Hoy, aunque tiene trabajo, sigue concurriendo “porque hago la venta de mis panes y eso me ayuda a salir del paso. Es una ayuda”.

Aquí nos abren las puertas y nos escuchan”

“Cuando llegué, estaba pasando por una situación complicada económicamente. Me integraron, me abrieron las puertas y hace dos años que estoy acá. De a poquito fui aprendiendo, porque también uno era neófito en el tema de la elaboración. Acá elaboramos pan, pizzas y tortas caseras, y algunas veces hacemos un pan que lleva verduras y fiambres, gracias a una colaboración que nos dan".

"El grupo es `bárbaro´, porque somos mujeres, tenemos nuestras familias, y en todas las familias pasan cosas. Acá nos encontramos, hablamos de la vida de cada una y, aparte, tenemos la Palabra (lectura y reflexión del Evangelio) que también es muy importante. Que una persona venga a leernos la Palabra nos integra, nos tiene cerca de la fe".

"No solamente se nos ayuda económicamente. Aquí nos abren las puertas y nos escuchan y nos dan una atención, entienden lo que cada uno está pasando porque están atentos. Vienen, se acercan y nos preguntan cómo estamos. Fátima y Cáritas con muy importantes para la comunidad por lo que brindan: por el cariño, por la ayuda, porque siempre están pendientes".

"Para mí, trabajar en Cáritas es una alegría; es venir y no hacer las cosas por obligación. Es esperar el martes con esa emoción de encontrarse con el grupo donde pertenezco, conversar, escuchar la Palabra y saber que, a la vez, tendremos una ayuda económica. Acercarse a Cáritas es acercarse a que te den ese abrazo, así de corazón y recibir la comprensión que uno necesita".  

 

 

Fotos

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 
 

Colecta Anual de Cáritas - 0810-222-74827 - www.caritas.org.ar